Boletim

 


Volume 2-- 1975 -- p 25-31

EI Psicoanálisis
y la Profesionalización del Psicólogo (A partir de "El
Psicólogo y el Psicoanálisis de Juana Danis*)

Roberto Harari

 


"Toda ciencia sería superflua si la apariencia y la esencia de las cosas se confundiesen".
C. Marx, EI Capital.
"De las ciencias exactas y naturales las ciencias humanas aprendieron que hay que comenzar por negar las apariencias si se aspira a comprender el mundo; mientras que las ciencias sociales extrajeron la lección simétrica: hay que aceptar el mundo, si es que se pretende cambiarlo". -
C. Lévi-Strauss, Criterios científicos en las disciplinas sociales y humanas.
"El problema del inconsciente -su posibilidad, su situación, su modo de existencia, los medios de conocerlo y de sacarlo a luz- no es simplemente un problema interior de las ciencias humanas que éstas se encontrarían por azar en su marcha; es un problema que es finalmente coextensívo a su existencia misma. Un elevamiento transcendental devuelto en un develamiento de lo no consciente es constitutivo de todas las ciencias del hombre".
M Foucauit, Las palabras y las cosas.

 

 

A guisa de aclaración..
En su artículo, Danis asevera que "no hay psicólogo que en algún momento de su formación no se haya enfrentado con el problema de su relación con el psicoanálisis". Este trabajo intenta, precisamente, ahondar la problemática propuesta en tal artículo -quizás, aunque más no fuese, en su título-, contem- piando accesibilidades conceptuales divergentes de las postuladas por Danis. Por otro lado, si bien nace como un comentario, prosigue su curso independizándose por momento para dar pie a una postura que, encontrándose inscripta en la entrafia misma del pensamiento y el quehacer científico contemporáneos, se haila, empero, ausente en el discurso. de Danis. De ahí que nós pareciera oportuno incurrir en el "a partir" del encabezamiento.
El hilo conductor que guia las siguientes reflexiones está, a nuestro entender, muy bien compendiado en el comentario que R. Daniel realiza respecto de los objetivos que persigue ia American Psychological Association, que consisten en "propender ai progreso de la psicoiogía como ciencia, como profésión y como
medio de promoción dei bienestar humano".
Expresa dicho autor que "éstos no son tres objetivos desvinculados; por el contrario, se ex'cuentran intimamente relacionados y son interdependientes. El primer objetivo es básico y constituye una precondición para los otros. No se puede cimentar una profesión sobre Ia opinión, el prejuicio o cualquier observación casual de la naturaieza humana. Un cuerpo de heclios estableci4os, que czdquieren su sentido por medio de ia construcción de una teoria, es ei fundamento sobre ei cual se establece la práctica de la psicologia".t1
Como es de rigor comenzar por ei principio, abordemos entonces ai título que nombra ei artículo de Danis. Se trata de vincular y relacionar al psicólogo, por un lado, y ai psicoanálisis, por ei otro: asi lo indica la conjunción "y". El psicólogo es, sin duda, un profesional, un trabajador en ei campo de la salud y de la enfermedad mental. No se nos escapa la imprecisión de los tres últimos vocablos incluidos en esta escueta definición -los que connotan mucho antes que denotan- pero, a los fines de nuestras apreciaclones, no es imprescindible ingresar en descripciones más exhaustivas y delimitadas.
Por su parte ei psicoanálisis, tal como lo puntualiza iterativamente Freud a lo largo de su obra, es: a) una teoria psicológica; b) una terapia de ias neurosis, y c) un método de Investigación dei psiquismo. Aspectos, desde ya, que no admiten un fácil desacople, pero que con todo no pueden dejar de diferenciarse, puesto que como veremos no guardan necesariamente una relación de implicación recíproca.
Psicoanálisis es, eu consecuencia, un significante que no denota "per se" profesión aiguna. Y para manifestarlo con palabras dei propio creador del psicoanáusis, éste "es una parte de la psicologfa, ni siquiera de la psicologia de los procesos mórbidos, sino simpiemente de la psicologia a secas. No representa, por cierto, ia totalidad de la psicologia, sino su lnfraestructura, quizá aún todo su fundamento. La posibllidad de su aplicación con fines médicos no debe inducirnos en error, pues también ia electricidad y la radiologia han hailado aplicaciones ex' medicina, no obstante lo cual la ejencia a la Que ambas pertenecen sigue siendo la física"[p.25]

Deducimos, por tanto, que ei campo semântico que barren los significantes "psicólogo" y "psicoanáiisis" no son ni con mucho superponibies.
Ei psicoanáiisis es, en primer lugar, una ciencia -como tal, teoria- con su objeto de estudio específico: ei Inconsciente. Y como blen apunta Danis (aunque lo escribe entre paréntesis): "(no hay que confundir ciencia con profesión) ". Claro que incluye esta afirmación en medio de un discurso donde se lee, por ejemplo, que se abocará "a la tarea de diferenciación de ambas pra fesiones" (entiéndase: ia de psicólogo y ia de psicoanaiista) y a "reflexionar sobre ei sentido y ia función de estas pra fesiones", o a ia eiucidación de todo aqueilo que haga a "la diferencia más profunda entre las dos profesiones, ya que ambas tienen como meta trabajar con personas y sus problemáticas", etc. Por ende, pese a sus buenas intenciones de no confundir ciencla con profesión, Danis cat en un presuroso y fragmentarizante reduccionismo por ei que se homologan, como términos intercambiabies, psicoanálisis y psicoanailsta. Asi, todo ei trabajo traza su trama a partir de esta confusión lógico-conceptual, quizás porque la matriz comparativa "de profeslón a profeslón" resulte menos engorrosa para ei método dei empirismo ingenuo que nimba ei artículo comentado.
Si estamos concordes con la cita de Daniel (v. s.), concluiremos que no es posibie reflexionar en lo más mínimo acerca de "ambas profesiones" si no examinamos previamente aquelio que ei título dei trabajo propone. (Títalo que, a juzgar por su contenido, hubiese sido más feliz: "Ei psicólogo y ei psicoanalista"). Y refiexionar a un nivel teórico fundante, aquél ai que dirigia sus miras Freud, ei nivei de la infraestructura, dei fundamento, viendo cómo se desprende de elo, cual fruto maduro, ia profesión de psicólogo.
tai efecto, adoptaremos en primera Insla "vía histórica", sobre la que discurre si bien de manera distinta.
Qué era, qué hacía, qué podfa un psicólogo con anterioridad ai advenimento dei psicoanálisis? Politzer nos lo dice con su elocuenda habitual: "si le preguntáls (ai psicóiogo) en que consiste su ocupación, os habiará de ia vida interior... pero guardaos de expresar ei deseo de "penetrar más adentro en ei conocimiento dei hombre", pues para curaros de parecidas esperanzas románticas, os enviará a un laboratorio de psicoiogía experimental para que concibais una idea de la ciencia 'tal cual debe ser' ... ei psicólogo no sabe nada y no puede nada ... ei psicólogo se conduce tan burdamente ante el hombre como el último de los Ignorantes, y, lo que es curioso, su ciencia no le sirve cuando se enfrenta con el objeto de su ciencia, sino exclusivamente cuando se halla entre sus 'cofrades' su ciencia no pasa de ser ciencia de discusión, crítica".

Ei grito de guerra "objetivista" dei conductismo pareció insuflar un hálito renovador y revolucionarlo ai agonizante cuerpo doctrinario y nocionai de ia psicoiogía ciásica, modificando presuntamente y de consuno, ei saber y ei poder dei psicólogo. Vana expresion de deseos. Ai poco de andar dei conductismo, se revelaron sus falencias y aporías y, especialmente, ei Inesperado parentesco de sangre que guardaba con ia psicologia subjetivista tradicional, según lo destacara Poiitzer. Es que tanto unos como otros partían de ia noción implícita -cuya base estaba signada por toda una epistemoiogía y una metodología propias- de que "ei hecho psicológico debe ser un hecho perceptivo. Entonces nos vemos forzados a eiegir entre ia aiternativa ciásica de ia percepción interna o de la percepción externa, o recurrir a ambas ai mismo tiempo".' Pero qué iban a saber y a poder, a poder y saber taies psicólogos, si querían adherirse a ia "objetividaci" de io manifiesto, interno o externoflCómo, si de acuerdo con ias citas dei epígrafe, no eran científicos, si no les preocupaba Indagar lo latente de ia apariencla? Triste oivido de una tradición del pensamiento occidental, que Pagès comenta arguyendo que "como en ia época de Platón, ei teórico busca lo sóiido tras io precario, io invariabie detrás de lo móvli, lo intrínseco detrás de lo extrínseco, lo real detrás de io aparente".5 Triste olvido, en fin, que nos trae ei recuerdo tanto de aquélios que se dicen psicólogos cuando, en puridad, sólo procuran ei mero establecimiento de correspondencias descubiertas y públicas entre los sucesos, como ei de aqueiios otros que proceden a instituir como ciencia (?) ei producto de iiterarias descripciones fenoménicas acerca de estados de ânimo, como "la gana", por ejempio. Tanto unos como otros, en su ciego paregrinaje por los senderos de ias precislones manifiestas y ostensibies, yerran ei camino ai no poder transcender ia comprenslón de sentido común o convencional, prefiado éste como está de tradiciones, prejuicios y opiniones que, obviamente, sólo desembocan en lesas inexactitudes.
Si ia "objetividad" dei dato perceptivo no pasa de ser más que una iiusión, ya que a tan desafortunados resuitados conduce, preciso es reconocer que se debe "situar en la base de ia ciencia psicológica un acto de conocimiento de estructura más eievada que la simple percepción... [y que consiste en] ia percepción complicada por una comprensión ... consigulentemente, ei hecho psicológico no es un dato simpie: como objeto de conocimiento, es esencialmente[p.26] construido". Párrafo de Politzer a nuestro entender decisivo, que grafica ia profunda conmoción ontológica y epistemológica que significó el nacimiento dei psicoanáiisis. Este es, en efecto, ei que ai hacer dei inconsciente su objeto de estudio, funda en psicologia ei proceder descripto: ei dato nos es nu dato sipie "objetivo", sino que es construído por el psicólogo.

Nueva ubicación dei observador en ei espacio epistemológico, rejerarquización de ia construcción de modeios, repianteo de la funcián de la inferencia en ei proceso dei conocimiento científico. '7, si todo esto ha sido posible por hacer dei inconsciente ei objeto de estudio dei psicoanálisis, es de lamentar, a todas luces, ia confusión en que incide Danis cuando afirma que dicho objeto es "ei ser humano eu tratamiento". Reafirma, de tal manera, su escotomización o desconocimiento -tese Freud "'ya superado' (y nunca estudiado)" ai que alude Danis? -dei cuerpo de conocini.ientos teóricos que instituyen y permiten ia práctica psicoanalítica, ia cual hace de la cura su objetivo, su propósito. Propósito únicamente viable silos conceptos que fundamentan su práctica han sido rigurosamente demostrados, en tanto, como cuaiquier ciencia, ei psicoanálisis faculta ai ejericio de una práctica por la existencia de una teoria, de ia que aquélla es un momento subordinado.7
Mas ei error que comete Danis no vaie só- lo por si, sino por ias Insospechadas consecuenelas que trae aparejadas. En su urgencia por consignar supuestas diferencias en la práctica, eu ei quehacer manifiesto de "ambas profesiones", olvida ia advertencia de Lacan: "La técnica no puede ni ser comprendida ni, por tanto, correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que ia fundamentan".8 Puesto que, desconociendo los conceptos que fundamentan, que .''infraestructuran" la labor dei psicólogo, Danis liega a caracterizar a esta última diciendo que "la investigación de lo inconsciente, aun cuando su tentación sea muy grande, no será reconocida como su principal misión; tampoco la excluirá de su trabajo, ya que sin la comprensión dei aura invisible que rodea las conductas manifiestas, no entenderá a éstas y no llegará a comunicarse verdaderamente con las personas que lo consuitan". Es decir, que la investigación de io inconsciente por parte dei psicólogo está connaturalmente sancionada nor un iuicio moral, ya que "tentación" denotà la pdsibilidad de acceder a una fuente de placer anhelado pero prohlbido. Prohibición que, si es violada, consuma un pecado*Original modaiidad de definir los términos de una práctica científica a través de la apelación a las apetencias y preferencias de los practicantes, imprecada mo Pero, con todo, aún queda un lugar para ei inconsciente, que es ei "aura invisibie", cuya indagación debiera tener su sitio eu ei quehacer dei psicóiogo. Es condición parcial, pero necesaria, mas no suficiente. En tal sentido, la postura de Danis pareciera ser abarcadora e integradora, cuando en si no es más que una mezcla indiferenciada de objetos, prácticas, roles, teorias ... y opciones. En su apotegma, ei psicólogo debe minimizar ia Importancia de "la investigación de lo inconsciente", puesto que si se excede en su interés, se hará psicoanaiista. Y si todos os psicólogos así io hicieren, no habria más psicólogos: todos se harían psicoanalistas. De ahí ei discurso antedicho, que trata de salvar cautelosamente distancias profesionales incurriendo en objetos y objetivos híbridos que desnaturaiizan y esclerosan la teoría. Una cosa es la teoria analítica que hace dei "ser humano en tratamiento" su objeto, y otra cosa es ia teoria analítica que entienda, como decla Freud, que "ei empleo dei análisis para ia terapia de ias neurosis es sólo una de sus aplicaciones y quizá venga ei porvenir a demonstrar que no es siquiera la más impartante* De todos modos, seria injusto sacrificar a una aplicación te- das las demás, por ia simpie razón de que aquélla roza ei circulo de los Intereses médicos". 9 Porque los secretos dei psicoanáiisis, como acota Althusser, "sólo la teoría los de- tenta como en toda disciplina científica". 10 '7 esos secretos-conocimientos dei psicoanáiisis no están indefectibiemente imbricados a ia cura (práctica): y más aún: no se instrumentan únicamente para consolidar técnica/s psicoterapéutica/s. Pues entonces. qué obsta para que ei psicólogo "caiga en la tentación" de investigar ei inconsciente en seres humanos fuera de un tratamiento psicoterápico? Además: tes que es posible que, eu tanto psicólogo, pudiese hacer otra cosa? Para decirlo sin ambaqes: no. No sólo no es posibie, sino que la investigación dei inconsciente es ia condiclón que instaura y autoriza su quehacer, que lo vaJ ida y iegaiiza cientificamente. Es lo único que le permitirá "comunicarse verdaderamente con ias personas que lo consultan", Como dice Danis. Poraue si no, cual es ei saber y ei poder que distingue ai nsicóloo de quien lo consulta? Cuál es ei saber y ei poder que ei psicólogo concederia ai consultante? Acaso devolveria al cliente los mismos materlaies que éste ha construido por si mismo, mostrándose en consecuencia vacuo y superfiuo? Obviamente, no: buscará construir un dato que resulte de ia investigación dei "aura inconsciente" (?) dei cliente. Ya que si tomamos ingenuamente ai pie de ia ietra ias afirmaciones del sujeto de observación, nuestro[p.27] método flota en la estratosfera de ia consciencla, y se ilama introspección. SI por ei contrario, capturamos dei sujeto su "discurso dobie y único, inconsciente y verbal", 11 nuestro método se nominará "relato", segun ia propuesta de Politzer. Así, a partir dei psicoanálisis, ei psicólogo transciende ia "convencionalidad de la significaclón" dei reiato; 12 traspasa ia observación pura y simple para depositarse sobre ia inter pretación dei inconsciente, que se exhibe y se oculta inscripto en ei discurso relatado y significativo. Este es ei acto epistemológico que Politzer reclamaba, que implica y supera tanto a la percepción interna como a la percepción externa, que da carta de cludadanla científica a la psicologia.

Respecto de ia interpretación, es bien conocido que su utilización en ei psicoanálisis clínico busca "hacer consciente lo inconsciente" -como gusta repetir Freud-, para que de tal manera ei Individuo enfermo acceda a ia curación. Danis se ocupa de esta hipótesis y sostiene que "no se ha verificado" a pesar de que ei individuo en cuestlón "cambia". En ese contexto, pareciera concebir que la interpretación es un recurso técnico predilecto dei psicoanálisis, y de eficacia dudosa. Por ende, puede deducirse que si en lugar de interpretar ei psicólogo meramente aconsej ase, repitiese significados dei cliente con otros significantes, o instrumentase otros recursos similares, no cabría objeción alguna. En esa tentación se puede caer, no en la de "penetrar más y más en lo inconsciente", según amonesta una vez más la autora. Y con esto, no pretendemos denostar toda la gama de procedimientos técnicos que sean otra cosa que la verbalización de una interpretación; por ei contrario, intentamos situar a tolos elos en ia base fundante de la interpretación. Es decir que a partir de la construcción de una interpretaclón Que en primera instancia será una "verbaiizaeión interior" 13 dei psicólogo, éste escogerá ei recurso técnico más apropiado -y el momento más oportuno- para trasmitirle a su cliente la comprensión que ha iogrado acerca de su propio acaecer psicológico. En consecuencia, l< efectuará interoretaciones, sefialamientos, preguntas, ie dará información y asesoramiento, le sugerirá la reaiización de tareas manuales o de un roieplaying, de acuerdo con ei encuadre r los objetivos pronuestos. Pero sus miras seguirán siendo: hacer consciente lo Inconsciente. Si no lo entendemos así. nrofe.sinnalmente caemos en un caos improvisador y accionamos permanentemente en emer"en&a.
Nuestro interés en ia interpretacián no se remite, entonces, a discurrir acerca de su efi cacia en cuanto proceder técnico. Centrarse en este nivei de inteiecclón de ia interpretación implicaria tanto un nuevo descenso ai nivei dei empirismo ingenuo como ia denigración de un aporte revoiucionario de Freud. Este aporte ha puesto sobre sus pies ia comprensión dei verdadero funcionaniiento de ia capacidad signalizadora dei hombre. En efecto, en tanto ser humano tiene la capacidad de representarse ai mundo, y a sí mismo, es que "Freud no interpretaba signos sino interpretaciones ... ia anorexia, por ejempio, no remite ai destete, como ei significante remite ai significado, sino que la anorexia como sintoma a interpretar, remite a los fantasmas de un mal pecho materno, ei cuai es en si mismo una interpretación, un cuerpo hablante. Es por esto que Freud no puede sino Interpretar en ei mismo ienguaje de sus pacientes lo que sus propios pacientes ie ofrecen como sintomas; su interpretación, es ia interpretación de una interpretación en los términos en que esta interpretación está dada". Y como termina consignando Foucauit: "ei signo, ai adquirir esta función nueva de ocuitamiento de ia interpretación, pierde su ser simpie de signif icante que poseía todavía en la época dei Renacimiento".' 4 Tal ei caso de ia moneda en Marx, tal ei caso de ias formaciones dei inconsciente en Freud. Tal es la senda que transitan hoy por hoy las ciencias humanas: interpretar los sistemas latentes que otorgan coherencia inteiigibie a lo anárquico manifiesto. Senda prolífera y prolífica cuyos resultados e imniementaciones prácticas reconocen la paternidad de la concepción freudiana. Ja omisión de este hecho cuando se habla de psicologia obnubila ai psicólogo, quien no puede compreender acabadamente Que su "misión" consiste en ieer ia interpretación que ei signo dei sujeto transforma en jeroqilfico.
Cuando Freud sustituyó la inocua Introspección por ei relato, es notorio que piido hacerlo en virtud de ia capacidad humana de emitir signos verbaies. Podríase pensar nuevamente que como es un recurso técnico adecuado para su finaiidad, por elio en ia sesión analítica dos interiocutores se hablan. Recurso, en consecuencia, que podríamos reputar como fortuito, accidental, casuai. Y sin embargo, conlieva un nuevo haiiazgo de Freud, ouien centra la piedra de toque de una psicoiogía verdaderamente instalada en un nivei humano al concentrar su atención y au operación en ia palabra. Lejos han quedado, en esta perspectiva, la "psicologia" de los perros salivadores y la "nsicoiogia" deI estudio de los tiempos de reacción (ia qué?) iaboratoriales. Una nueva definiclón y una nueva posición emergen respecto de los recursos técnicos v de las posibilidades laborales dei psicólogo, si sostenemos[p.28] con Pontalis que "el análisis se proporciona a sÍ mismo los medios apropiados a su fin; si se realiza únicamente por intermedio de ia paiabra y pretende descubrir lo que cada uno tiene de más radical, es porque ia raiz dei hombre es la simbolización, y su historia un trabajo de creación de sentido".15 Y esta simbolización no atraviesa sin más ni más los impoiutos escaflos de ia consciencia; por ei contrario, la capacidad representativa hunde su raiz en ei inconsciente. Pero no simpiemente un inconsciente pletórico de instintos, "perverso polimorfo", anárquico en medio dei fárrago enmarafiado de necesidades que buscan descargarse aiocadamente, sino un inconsciente que ha incorporado regias, normas y sistemas que se oponen ai deseo devenido humano desde la necesidad Instintiva biológica. Este conflicto catapulta ei pasaje de la Naturaieza a ia Cultura -a la Ley dei Orden de Lacan, a ia Ley de Cultura de Aithusser-, ei pasaje dei candidato a hombre, a nUlo en medio de un mundo de aduitos. Conflicto universal que, en fin, da iugar a ias deformaciones sistemáticas que se aparecen a la consciencia (campo preferido de la fenomenoiogía) en forma de signos, a partir de ios cuales se instaura ia meta dei científico humano: construir la interpretación subyacente al signo, deveiar ei confiicto entre ei deseo y ia regia que existe en todo hombre merced a que éste es un animai simbólico.16 Un psicólogo que no haga suya ia ensehanza dei psicoanálisis de que ei hombre, según Pontaiis, es un "ser de lenguaje", negará la característica diferencial dei género humano, y podrá trabajar sin palabras, o sin saber aqueiio que las palabras quieren decir y quieren dejar de decir.
Exciusión para el psicólogo, en conciusión, de ios animaies (orden de lo orgânico a- verbal y por ende a-reg]ado); de lo fenoménico exclusivo (aparienciai y distorsionante); de lo laboratoriai (cuando totaliza lo parcial y lo artificial dei experimento).
Quizás subsistan aún dudas acerca dei porqué de dichas exclusiones. Una nueva vuelta de espiral permitirá aproximarse a sus fundamentos de otra manera. Existen, como es bien sabido, estudios sobre "psicología animal" o "de los animales": psicóiogos que estudian, por ejempio, ei aprendizaje centrando su mirada en los inciertos devaneos de una rata en una caja o en un laberinto; psicóiogos que estudian la .comunicación de ias abejas y pretendem descubrir eI "lenguaje" que ias mora; en fin, psicólogos que amputan o mutilan miembros de animales para investigar las secuelas ulteriores que tal procedimiento suscitaria en ias objetos de experimentación. Ahora bien, cuai4uiera de todos ellos se encuentra legitimamente habilitado para deslizar su quehacer por esas vias; sóio que, cuando io hacen, han dejado de ser psicólogos. Y esto es así porque ei psicóiogo es un científico humano que en su condición de tal se ocupa de humanos. Esta estrecha definiclón puede resultar hasta tautológica, cuai es su fundamento? Es dable haiiario en la hipótesis de los niveies de integración, concepto vapuleado y discutido en nuestro medio, pero cuya utilidad hermenéutica es indudabie. Es posibie que ias infaustas ideas que ai respecto han circulado entre nosotros (v. g.: postular como niveles de integración ai psicoiógico, axiológico, etc.), se deban ai relegamiento de una obra fundamental de L. Goldmann -de 1952- en ia que ya distinguía que "si hay que reconocer, en ei universo, la existencia de tres maneras de ser cualitativamente diferentes, la manera inerte, la viva y ia consciente, debe haber también diferencias cualitativas entre los métodos respectivos e ias ciencias físico-químicas, bioiógicas y humanas".17 Esta lúcida afirmación
-que disipa ias dudas acerca de la paternidad de estas ideas- nos arroja de pleno en la consideración inmediata de dos problemas: ei primero es que ai investigar ia manera "viva" (orgânica) se está investigando y construyendo cualitativamente otro objeto que aquel que se investiga, construye y modifica operativamente ai ocuparse de ia "manera consciente" (o capaz de consciencia). En consecuencia, si ei psicóiogo accede ai nivel humano, si su objeto se encuentra ai nivei de la paiabra-signo de interpretaciones inconscientes de la iucha entre ei deseo y la regia, no hay Ia menor p0- sibiiidad de conceder que en un animal se estudian procesos simplificados, aislados, hipertrofiados, etc., de como se dan en ios hombres. O de suponer que la diferencia es cuantitativa. No. Simplemente, no hay extrapoiación posible: constitutivamente pertenecen a órdenes cuyas posiciones no son intercambiabies. Ei psicoanálisis, en cambio, no hesita y ofrece ai psicóiogo su objeto instalado en ei nivel de especificidad ontológicamente correcto. incitándole a tratar con personas en su quehacer profesionai.
Esto nos conduce ai segundo problema derivado de Ia proposición de Ooidmann, que consiste en ei indisoiuble himeneo que consagra la unión entre ei nivel de Integraclón y ei método de estudio que le es ínsito. Se esto es así, no existe "un" método erigido como cartabón decisivo para seilar un discurso como científico o no, sino que ei método científico preservará sus rasgos diferenciaies acomodándose y reubicándose de acuerdo ai objeto ai que se ap]ique. Por excesiva comodidad epistemológica, los psicólogos intentaron, de inicio, acometer ei proceder inverso: acomodar ei objeto ai método. Y el método[p.29] es el correspondiente a las ciencias exactas y naturales, dei cual no procuraron aprender -como dice Lévi-Strauss en la cita dei epígrafe- para retraducirio, sino que lo transportaron mecánicamente cual lecho de Pra- custo en ei que acunaron un hombre inexistente, en una situación falsa, sometido a estímulos insólitos de laboratorio. Un hombre no cotidiano ni entero. Pero asi alimentaban las esperan2as de una exactitud mensurabie y de una objetividad precisa, sin interferencias rndeseabies por parte del observador. He aqui, sin embargo, que ni la mismísima Física pudo contener ese modelo dechado de asepsia: asi lo demostraron, sin ir muy lejos, Heisenberg y Niels Bdhr, entre otros. Se comprende, en tal sentido, la apodictica afirmación de Sartre:
"la única teoría dei conocimiento que puede ser válida hoy em dia es la que se funda sobre esta verdad de ia microfísica: ei experimentador forma parte dei sistema experimental. Es ia única que permite apartar toda ilusión idealista, la única que muestra ai hombre real en medio dei mundo real".18 Todo lo cuai reenvía ai concepto reiterado aqui en distintos pasajes acerca de que ia tarea dei observador científico no es registrar la objetivldad de un fenómeno dei que debía extraflarse, sino que consiste en construir una reaiidad -no "dada" perceptibie y ostensiblemente- a partir dei material bruto de observación. El observador científico, para decirio aún de otro modo, participa en ia gestaclón, en la consumación misma dei dato. Su presencia enfrentada pero imbricada ai objeto es necesaria e insoslayable.
Por lo antedicho, que es escuetamente ei sostén epistemológico universal de ia ciencia, resulta aberrante conceptuar como conocimiento psicoiógico a aquei que se origina dei contacto de un hombre con aparatos "de cobre y latón" o de la repetición fatigante de sílabas sin significado. Si nuestro saber pretende ser totalizador y aludir a seres humanos concretos en situaciones humanas concretas, debemos rescatar ei sentido plenamente positivo de Ia afirmación algo escéptica de Lévi-Strauss, y "ver en la intersección de dos subjetividades ei orden de verdad más próximo ai que pueden aspirar Ias ciencias humanas, cuando hacen frente a la totaiidad de su objeto".l9 Con lo cual ei saber dei etnólogo converge sinérgicamente -eiitre otros- con ei dei psicólogo, quien adopta este proceder de ia práctica psicoanalítica que investiga detallada, minuciosa y exhaustivamente ia mentada "intersección. de dos subjetividades". Proceder -quizás equivocadamente- nombrado en psicoiogía como "método clínico", ha sido desarroliado por primera vez como sistemática por el psicoanálisis, que de esta forma funda e inicia la estrategia metodológica para el que hacer del psicólogo como científico humano. Estrategia desembozadamente a-experimental, que no requiere para su validación científica ei forzado mote de "cuasi-experimental" con ei que algunos autores necesitan ornaria. Autores que parecleran no poder deponer todavia su cientificismo naturalista, que no se resignan a comprender que, como af irma Hesnard, "ei fundamento de toda psicología (reside) en ei vínculo interhumano natural" ?

Si bien nos hemos propuesto de inicio no abordar la problemática comparativa entre psicólogo y psicoanalista, es preciso establecer ahora ciertos hitos para proseguir estas refiexiones.
El psicólogo puede, desde ya, trabajar como psicoanalista, conveniente y suficientemente capacitado. Pero puede -y como dice Danis: deberia- trabajar en todas y cada una de ias situaeiones cotidianas donde conviven e interaccionan seres humanos, esclareciendo los conflictos inconscientes habidos y/o por haber. Esas situaciones sólo podrán ser indagadas, previa sectorizaclón y jerarquización de objetivos, a través y por medio de la teoría psicoanalítica, que es la que facultará ai psicólogo tanto para la construcción dei dato encuadrado en función de los objetivos, como para la consolidación de una acción técnica concorde a los mismos. De aqui surge la eficacia real del psicólogo para poder abordar y operar correctoramente sobre su objeto en campos planificados especiales: psicopedagogia clínica, orientación vocacional y profesionai, entrenamiento en ei rol, traslados habitacionales comunitarios, seiección de personal, grupos operativos de diversa índole, etc. Estas son aigunas de las "aplicaciones" dei análisis
-que Freud (v.s.) ya predijo- que pueden ser tanto o más importantes que su aplicación a ia terapia de las neurosis.
Cómo entiende todo esta Danis? Ella considera que ei psicólogo ileva hacia "los muchos" las "verdades, peiigrosas y valiosas" que en forma de "descubriniientos valiosísimos" los psicoanaiistas obtienen en su tarea bicorporal (cura) y que en manos de los psicólogos esas verdades "han perdido quizás algo de su estado de pureza pero están suficientemente elaboradas para aguantar la amalgama con la realidad social". Esta situación, además, debe ser protegida "durante clerto tiempo", en virtud de que "ei futuro de ias dos profesiones mdica una separación de tareas y de miras". En verdad, la separación de tareas y de miras gue Danis desea amparar es la de la disociación dei pensandento y la acción, par in[p.30] disoluble que ei psicoanálisis conquistá y ofrendó para ia psicologia y para los psicólogos. Según la autora, en cambio, los psicoanalistas piensan y los psicólogos accionan. El grupo privilegiado -psicoanalistas- resigna sus conocimientos 'puros" en sus delegados en la "realidad social", qulenes los contamlnam -o corren ei riesgo de hacerlo-. ai instrumentarlos fuera de su pristino marco de procedencia. Por si no fuese bastante ei análisis de clase de estas ideas, por las cuales se condena gratuitamente ai psicólogo -"durante cierto tiempo"- a una pretendida proletarización intelectual por parte de los psicoanalistas, es preciso agregarie el prejuicio mentalista que dimana. Asi, en la condición de sumisión y espera en que Danis procura situar ai psicólogo (acción) en relacián ai psicoanalista (pensamiento), olvida que Wallon demostró hace aflos que los seres humanos circulamos dei acto ai pensamiento no menos que del pensamiento ai acto. Como lo puntualiza Sartre, "no situamos los orígenes de ia acción en la toma de conciencla, no vemos en eiia un momento necesario de la acción: la aoción se da sus propias luces cuando se va cumpllendo*. Lo que no obsta para que esas iuces aparezcan en y por la toma de conciencia de los agentes, lo que implica que se haga necesariamente una teoría de la consciencia"?'
Por otra parte, estos últimos conceptos de Danis que hemos transcripto revelan los resabios de la nombrada concepción cuasi-experimental (idealizada) de la técnica psicoanalítica y trasuntan desconfianza nor los descubrini ientos que ei psicólogo realiza en su quehacer.
El psicoanálisis, en fin, constituye un quehacer intelectual totalizador que enfrenta y está en pugna con los Intereses creados por ei "establishment" para sostener una psicologia academicista, conciencialista o de ratoneras, desde la cual se piense acerca de ideas o de hombre puro, o acerca de animales, pero no acerca de hombres concretos que se desconocen concretamente y que, ai conocerce, pueden ser un "peligro" potencial.
Interés en re-cubrir lo cubierto, antes que en des-cubrirlo. Interés, por tanto, de desvin cular al psicólogo dei pslcoanálisis, para maniatar y amordazar su mensaje, piagado de luces ante las cuales algunos hombres -como género- persisten en convencemos acerca de la tierna bondad de las tinieblas. Sería conveniente para elios que hiciesen suyas las palabras que Saint-Exupéry adjudica a su "Principito": "L'essentiei est invisible pour les yeuz, répéta le petit prince, a fin de se souvenim".


REFERENCIAS

1 Daniel, Robert (edi: Contemporary Rcadings lii General Psychoiogy, Houghton Mifilin Co., Boston, 1965, pág. 1.
2 Freud, Sigmund: Apêndice a "El análisis profano", Obras Cmpletas, Santiago Rueda Editor, B& As., 1955. T. XXI, pág. 230.
3 Politzer, Georges: Crítica de los fundamentos de Ia psicologia: ei pslcoanálisls, Jorge Alvarez, Es. As., 1966, págs. 41, 42. 43.
4 Politzer, Ocorges: op. cit., pág. 221.
5 Pagés, Robert: Ei vocablo "estructura" y la Pslcoiogía Social. En: Bastide, Lévi-Strauss et ai.:
Sentidos y usos dei ténnino Estructura en ias
Clenclas dei flombre, PaidÓs, Bs. As., 1968, pág.
76.
6 Politzer, Georges: op. clt., pág. 223.
7 Althusser, Louls: Freud y Lacan. En: Althusser, Lagache, Foucault, M. Ponty, Psicoanãlisis, Existencialismo, Estructuraiismo, Papiro, Es. As., 1969, pág. 82 y sig.
8 cit. por Auzias, J.: Ei estructuralismo, Alianza, Madrid, 1969, pág. 146.
9 Freud, Sigmund: El análisis profano, Obras Completas (citi, T. XII, pág. 70.
10 Althusser, Louis: op. cit., fbid.
11 Althusser, Louis: op. cit., pág. 89.
12 Politzer, Georges: op. cit., pág. 96.
13 Baranger, Willy: Problemas dei campo psicoanailtico (en colaboraciôn con Madelaine Baranger), Kargieman, Bs. As., 1969, págs. 256/57.
14 Foucault, Michel: Nietzsche, Frcud, Marx. En:
Althusser et al. (op. clt.), páginas 110/11.
15 Pontalis, J. E.: Vigcncia de Sigmund Freud, 51gb Veinte, Es. As., 1957, páginas 66/67.
IS Cassirer, Ernst: Antropologia Filosófica, Pondo de Cultura Económica, México, 1965, págs. 45/9.
17 Goldmann, Lucien: Las Ciencias humanas y la tiiosotía, Nueva Visión, Es. Aa, 1967, pág. 108.
18 Sartre, Jean-Paul: Critica de la Razón Dialéctica, Losada, Bs. As., 1963. Tomo 1, libro 1, pág. 37.
19 Lévi-Strauss, Claude: Antropologia estructurai, Eudeba, Bs. As., 1968, pág. XXV (introducción).
20 Hesnard, A.: Psicoanállsis dei vínculo interhumano, Proteo, Bs. As., 1968, pág. 12.
21 Sartre, Jcan-PauI: op. cit., ibid.

 


[voltar]