PSIBlog da Psicologia da Educação UFRGS

agosto 23, 2008

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Entrevista a Lacan – “Freud per sempre”

Arquivado em: Lacan, Psicanalise — admin @ 12:07 pm

Origem: Entrevista realizada a Jacques Lacan por la periodista y escritora italiana Emilia Granzotto el 21 de noviembre de 1974 para la revista Panorama en Roma.

Introdução: Alberto Santiere

Fonte: http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=11433

A raíz de la iniciativa de Olga Máter y de Alejandra Freschi convertida en la presente traducción de la entrevista realizada a Jacques Lacan por la periodista y escritora italiana Emilia Granzotto, elSigma ofrece la integridad de esta versión a sus lectores. Se trata de un material histórico en el que nos encontramos con un Lacan claro y preciso en sus conceptos, empeñado en dirigirse a un público más amplio que el académico.

El 21 de noviembre de 1974, al momento del reportaje, el ámbito psicoanalítico estaba atravesado por las vicisitudes de una época en transformación violenta. El mundo pulsional des-cubierto por Freud habla precisamente de ello como parte de la condición humana de todos los tiempos.

En el medio local se expandía más el pensamiento lacaniano mediante la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires –la primera escuela lacaniana no fundada por Lacan imbuida por la transmisión de Oscar Masotta– acontecida cinco meses antes.
La irrupción de Paris como una de las capitales pujantes del psicoanálisis tras el eclipse progresivo de la Escuela Inglesa, ¿habrá motivado a su vez que un año antes se eligiera al primer francés para desempeñar la presidencia de la IPA: Serge Lebovici?

Nos situamos a 35 años de la muerte de Freud –el genial escritor de la huella psicoanalítica que nos recorre–, y en los 73 años de edad de Lacan –prominente teórico y orador que avanzó con novaciones sustanciales para nuestro quehacer en cuanto al pensamiento acerca del sujeto y a las implicancias clínicas de los nuevos abordajes–.
En 1974. Lacan tomó la dirección –en el Departamento de Psicoanálisis fundado cinco años antes por Serge Leclaire– de una cátedra del “Champ Freudienâ€. Pronuncio la “Conferencia de Romaâ€, y estaba al instante de la entrevista, a 20 días de sumergirse –“entre nudosâ€â€“ en la primera clase del Seminario R.S.I. que dictaría hasta mayo del ’75.

Alberto Santiere

Del original: “Freud per sempreâ€
Colloquio con Emilia Granzotto. Publicado en la revista Panorama de Roma – Italia, 21 noviembre de 1974, pp. 159 sg.
Versión en Francés: Freud pour toujours – Entretien avec Jacques Lacan
www.ecole-lacanienne.net/documents/1974-11-21.doc
Traducido por: Olga Mabel Máter – licmater@fibertel.com.ar e Alejandra Freschi – alejandra_freschi@hotmail.com

El malestar de la civilización moderna. La dificultad de vivir. El miedo y el sexo. La palabra como tratamiento de la neurosis. La angustia de los científicos. El psicoanalista viviendo lo más paradojal expone su doctrina y las razones de su fidelidad al maestro.

Jacques Lacan, 73 años, parisino, psicoanalista. Apóstol de Sigmund Freud. Se define como un “freudiano puro†y ha fundado en París una escuela freudiana que repropone infatigablemente, desde hace veinte años el retorno a las doctrinas del maestro y su relectura “en sentido literalâ€. Es considerado como herético del psicoanálisis oficial que lo acusa de histrionismo (Emilio Servadio, Presidente del Centro Psicoanalítico de Roma, lo ha definido como “profeta de operetaâ€) y lo ha expulsado de instituciones y sociedades.

Es venerado como un dios por sus seguidores, para los cuales él es “un genio que comunica por flashesâ€. Políticamente de izquierda, próximo al grupo marxista maoísta que dirige la revista Tel quel[1]. Padre espiritual, se ha dicho, de todos los izquierdistas franceses. Es igualmente un personaje legendario por el tono de profeta con el cual él despliega sus escritos, incomprensibles para cualquiera que no conozca profundamente los misterios del psicoanálisis, definido, en uno de sus ensayos, “como nada más que un artífice al cual Freud ha dado los fundamentos estableciendo que su conjunto engloba la noción de tales fundamentosâ€.

Sus conferencias y lecciones de los miércoles en la Facultad de Derecho de la Sorbonne son seguidas por una multitud de auditores, a pesar del lenguaje hablado tan confuso, así como sus escritos. El mismo dice: “Yo hablo a media palabra, es conocido, y al final nadie comprende nadaâ€.

Mezcla palabras muy complejas (homeostasis, anamorfosis, afánisis) con neologismos que inventa a quemarropa (el más célebre es serhablante, sea el ser hablante, sea el hombre). Utiliza indiferentemente términos de jerga o directamente eufemismos buenazos al límite del ridículo; el falo, protagonista y dios feroz de la religión psicoanalítica, deviene simplemente e irónicamente en el lenguaje de Lacan, pito.

Bajo, cabello gris corto cepillado y siempre cuidadosamente peinado, una vaga semejanza que no le desagrada con Jean Gabin, ese monstruo sagrado de la cultura francesa se viste siempre como un dandi: camisa blanca bordada, cerrada al cuello con una banda abotonada como los sacerdotes, saco de terciopelo color ciruela o damasco por lo cual el tejido reúne lo brillante y lo mate. En su consultorio de la calle 5 de Lille, con su sofá imperio, Lacan recibe él Todo-París que cuenta.
Lacan se proclama estructuralista, está convencido que lingüística y psicoanálisis son hermanas, y que los analistas “deberían tener una cultura sociológica, lingüística y metafísicaâ€. Sus ensayos están compilados en un volumen que se titula Escritos, ha vendido decenas de miles de ejemplares.

Panorama le ha solicitado a Lacan hablar de psicoanálisis, de sus métodos, en la técnica y la doctrina.

Emilia Granzotto (autora del libro “Caterina da Siena”. Umile e sapiente vergine domenicana)

Emilia Granzotto: -Profesor Lacan, se escucha cada vez más a menudo hablar de la crisis del psicoanálisis: se dice que Sigmund Freud está pasado de moda, la sociedad moderna ha descubierto que su doctrina ya no es suficiente, para comprender al hombre ni para interpretar a fondo su relación con el medioambiente, con el mundo.

Jacques Lacan: -Esas son historias. Primero, no hay crisis. El psicoanálisis no tiene del todo localizados sus límites, al contrario. Hay todavía muchas cosas por descubrir en la práctica y en la doctrina. En psicoanálisis no hay una solución inmediata, pero solamente a la larga, espera investigar los por qué.

Segundo: Freud. ¿Cómo se puede juzgar que está pasado de moda si nosotros no lo hemos comprendido totalmente? Lo que, sabemos es que ha hecho conocer cosas perfectamente novedosas que no se habían imaginado antes que él, problemas… desde el inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, del acceso a lo simbólico, a la sujeción a las leyes del lenguaje.

Su doctrina ha puesto en cuestión la verdad, un asunto que importa a cada uno, personalmente. Nada tiene que ver con una crisis. Yo repito: se está lejos de los objetivos de Freud. Es también porque su nombre ha servido para cubrir muchas cosas, desviaciones, los epígonos[2] no han seguido siempre fielmente el modelo, esto ha creado la confusión.

Después de su muerte, en el ‘39, mismo algunos de sus alumnos han pretendido hacer el psicoanálisis de otra manera, reduciendo su enseñanza a algunas pequeñas fórmulas banales: la técnica como rito, la práctica reducida al tratamiento del comportamiento y, como objetivos, la readaptación del individuo a su medioambiente social. Es decir la negación de Freud, un psicoanálisis acomodaticio, de salón.

El lo había previsto. Decía que hay tres posiciones imposibles de sostener, tres intervenciones imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Hoy poco importa qué responsabilidades tiene el gobernante, y todo el mundo se pretende educador. En cuanto a los psicoanalistas, desgraciadamente, ellos prosperan como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarlos significa el éxito asegurado y la clientela detrás de la puerta. El psicoanálisis es otra cosa.

- ¿Qué exactamente?

- Yo lo defino como un symptôme[3], revelador del malestar de la civilización en la cual nosotros vivimos. No es, por supuesto, una filosofía, yo aborrezco la filosofía, hace mucho tiempo que ella no dice nada interesante. No es tampoco fe, y no me gusta llamarla ciencia. Decimos que es una práctica que se ocupa de lo que no marcha bien, terriblemente difícil porque ella pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible y lo imaginario. Hasta ahora, ella ha obtenido ciertos resultados, pero no tiene todavía reglas y se presta a toda clase de equivocaciones.

No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, que tiene relación con la medicina, o con la psicología o con las ciencias afines. Ella es también muy joven. Freud ha muerto hace a penas 35 años. Su primer libro La interpretación de los sueños ha sido publicado en 1900, y con muy poca repercusión. Creo que ha tenido 300 ejemplares vendidos por aquellos años. Tenía también muy pocos alumnos, que pasaban por locos, y ellos mismos no se ponían de acuerdo sobre la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.

- ¿Qué es lo que no marcha bien en el hombre?

- Hay una gran fatiga de vivir, resultado del camino hacia el progreso. Se espera del psicoanálisis que descubra hasta donde se puede ir arrastrando esta fatiga, este malestar de la vida.

- ¿Qué empuja a la gente a psicoanalizarse?

- El miedo. Cuando le pasan cosas, mismo cosas que ha querido, que él no comprende, el hombre tiene miedo. Sufre por no comprender y poco a poco entra en un estado de pánico, es la neurosis. En la neurosis histérica el cuerpo enferma por el temor de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva el miedo pone cosas bizarras en la cabeza… pensamientos que uno no puede controlar, fobias en las cuales formas y objetos adquieren significaciones diversas y espantosas.

- ¿Por ejemplo?

- Llega a la neurosis de sentirse empujado por una necesidad horrorosa, de ir a verificar decenas de veces si la canilla está verdaderamente cerrada o si tal cosa está bien en su sitio, sabiendo con certeza que la canilla está como debe ser, y que todo está en su sitio. No hay píldora que cure esto. Tú debes descubrir por qué se llega y saber lo que esto significa.

- ¿Y el tratamiento?

- La neurosis es una enfermedad que se trata con la palabra, ante todo con la suya. Él debe hablar, contar, explicar,… el mismo Freud lo define así “asunción de la parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otroâ€.

El psicoanálisis es el rey de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente, no es tan profundo más bien es inaccesible a la profundidad conciente. Y decía también que en este inconsciente “eso hablaâ€: un sujeto en el sujeto, transcendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.

- ¿Palabra de quién?; ¿del enfermo o del psicoanalista?

- En psicoanálisis, los términos enfermo, médico, medicina, no son exactos, no son utilizados. Mismo las fórmulas pasivas que son utilizadas habitualmente no son justas. Se dice “hacerse psicoanalizarâ€. Eso es falso. Quien hace el verdadero trabajo en análisis es el que habla, el sujeto analizando, mismo si lo hace sobre al modo sugerido por el analista que le indica como proceder y lo ayuda por las intervenciones. Las interpretaciones le son abundantes, parecen al principio dar sentido a lo que el analizando dice.

En realidad la interpretación es más sutil, tiende a borrar el sentido de las cosas por las cuales el sujeto sufre. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que su symptôme, digamos la enfermedad, no está en relación con nada, está desprovista de todo sentido. Mismo si en apariencia es real, no existe.

Las vías por las cuales esta acción de la palabra procede demandan una gran práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medida son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que uno da al analizante; es por esto que el psicoanálisis es difícil.

- Cuando se habla de Jacques Lacan, se asocia inevitablemente ese nombre a una fórmula: “el retorno a Freudâ€; ¿qué significa esto?

- Exactamente lo que he dicho. El psicoanálisis es Freud. Si uno quiere hacer psicoanálisis, es necesario referirse a Freud, a sus términos, a sus definiciones, leídos e interpretados en su sentido literal. Yo he fundado en París una escuela freudiana justamente para eso.

De esto hace veinte años y más que yo vengo explicando mi punto de vista: el retorno a Freud significa simplemente despejar el campo de las desviaciones y de los equívocos, de las fenomenologías existenciales, por ejemplo el formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de su enseñanza según los principios definidos y catalogados en su trabajo. Releer Freud quiere decir solamente releer Freud. Aquel que no haga esto en psicoanálisis utiliza formas abusivas.

- Pero Freud es difícil. Y Lacan se dice lo vuelve incomprensible. ¿Se reprocha a Lacan de hablar, sobre todo de escribir, de tal manera que solo algunos iniciados puedan esperar comprender?

- Yo lo sé. Tengo la reputación de ser un confuso que oculta su pensamiento en las nubes de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo realâ€. ¿Está claro? Pero el psicoanálisis no es algo simple.

Mis libros son famosos incomprensibles. ¿Pero por qué? Yo no los he escrito para todos, para que sean comprendidos por todos. Al contrario, yo no me he preocupado un instante de disfrutar con algunos lectores. Yo tenía cosas que decir y las he dicho. Me basta con tener un público que lee, si no comprende tanto peor. En cuanto al número de lectores, yo he tenido más suerte que Freud. Mis libros son tan leídos que me asombra.

Estoy convencido que dentro de diez años como máximo, quien me leerá me encontrará transparente como un bonita copa de cerveza.

- ¿Cuáles son las características del lacanismo?

- Es un poco pronto para decirlo porque el lacanismo todavía no existe. Se percibe apenas el olor, como un presentimiento.
Quien crea que sea, Lacan es un señor que practica desde hace cuarenta años el psicoanálisis y que lo estudia desde tanto tiempo. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Yo escribí en uno de mis libros que “a lo que nos conduce el descubrimiento de Freud es a la importancia del orden en el cual hemos entrado, en el cual estamos, si se puede decir, nacidos por segunda vez, saliendo del estado llamado justamente ‘infans’, sin palabraâ€.

El orden simbólico sobre el cual Freud ha fundado su descubrimiento está constituido por el lenguaje, como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de las palabras quien creó el mundo de las cosas, inicialmente confusas en el todo devenir. Solo las palabras dan un sentido consumado a la esencia de las cosas. Sin las palabras nada existiría. ¿Qué sería del placer sin el intermediario de la palabra?

Mi idea es que Freud enunciando en sus primeras obras (La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y Tabú) las leyes del inconsciente, ha formulado, precursor de los tiempos, las teorías con las cuales Ferdinand de Saussure ha abierto el camino a la lingüística moderna.

- ¿Y el pensamiento puro?

- Sometido, como todo el resto, a las leyes del lenguaje, solo las palabras pueden introducirlo y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no daría un paso adelante en las búsquedas sobre el pensamiento. Así el psicoanálisis. Cualquiera sea la función que se quiera atribuirle, agente de curación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio para servirse: la palabra del paciente. Y cada palabra demanda una respuesta.

- ¿El análisis como dialogo, entonces? Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo laico de la confesión…

- Pero qué confesión. Al psicoanalista uno no confiesa nada. Uno va a decirle simplemente todo lo que le pasa por la cabeza. Palabras precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis, es el hombre como animal hablante. Es el analista a quien le corresponde poner en serie las palabras que escucha y de darle un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, es necesario un acuerdo, una afinidad entre el analizando y el analista.
A través de las palabras de uno, el otro busca hacerse una idea de lo que se trata, y encontrar más allá del symptôme aparente el nudo difícil de la verdad. Otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer comprender al paciente lo que puede esperar del análisis.

- Es una relación de extrema confianza.

- Más bien un intercambio. En el cual lo importante es que uno habla y el otro escucha. Mismo en silencio. El analista no hace preguntas, y no tiene idea. Da solamente las respuestas que quiere dar a las cuestiones que suscitan su oportuna voluntad. Pero, a fin de cuentas, el analizando va siempre donde el analista lo lleva.

- Eso es la cura. ¿Y las posibilidades de curación? ¿Se sale de la neurosis?

- El psicoanálisis tiene éxito cuando desembaraza del campo, tanto del symptome como de lo real, así llega a la verdad.

- ¿Se puede explicar este concepto de una manera menos lacaniana?

- Yo llamo symptome a todo lo que viene de lo real. Y lo real es todo lo que no va, lo que no funciona, lo que hace obstáculo a la vida del hombre y a la afirmación de su personalidad. Lo real vuelve siempre al mismo sitio, se lo encuentra siempre ahí con las mismas manifestaciones. Los científicos tiene una bella fórmula: que no hay nada de imposible en lo real. Hace falta ser muy caradura para hacer afirmaciones de este género, o bien como yo lo sospecho, poseer una ignorancia total de lo que se hace, y de lo que se dice.

Lo real y lo imposible son antitéticos; no pueden ir juntos. El análisis empuja al sujeto hacia lo imposible, le sugiere considerar al mundo como es verdaderamente, es decir, imaginario y sin ningún sentido. Mientras que lo real, como un ave voraz, no hace más que nutrirse de cosas sensatas, de acciones que tienen un sentido.

Siempre se escucha repetir, que es necesario dar un sentido a esto y aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero de la vida nosotros no sabemos nada de nada, aunque los científicos quieran dar explicaciones.

Mi temor es que por su error, lo real, cosa monstruosa que no existe, terminará por tomar la delantera. La ciencia esta substituyendo a la religión, con tanto despotismo, de oscuridad y de oscurantismo. Hay un dios átomo, un dios espacio, etc. Si la ciencia o la religión le ganan, el psicoanálisis ha terminado.

- ¿Cuál es la relación hoy entre la ciencia y el psicoanálisis?

- Para mi la única ciencia verdadera seria a seguir, es la ciencia ficción. La otra, la que es oficial, quien tiene sus altares en los laboratorios avanza a tientas sin destino y comienza incluso a tener miedo de su sombra.

Parece que ha llegado también para los científicos el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, revestidos de sus batas almidonadas, esos viejos niños que juegan con cosas desconocidas, manipulando aparatos cada vez más complicados, e inventando fórmulas cada vez más recónditas, comienzan a preguntarse lo que podrá sobrevenir mañana y lo que terminarán por aportar sus investigaciones siempre nuevas. En fin, diría yo, ¿y si fuera demasiado tarde? Se los llama biólogos, físicos, químicos,… para mí son locos.

Recién ahora, cuando ellos están destruyendo el universo, se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso. Y ¿si todo estallara?; ¿si las bacterias tan amorosamente criadas en los blancos laboratorios se transmutaran en enemigos mortales?; ¿si el mundo fuera arrollado por una horda de esas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por los científicos de los laboratorios? A las tres posiciones imposibles de Freud, gobernar, educar, psicoanalizar, yo agregaría una cuarta: la ciencia. Salvo que ellos, los científicos, no saben que están en una posición insostenible.

- ¿Es una visión pesimista de lo que comúnmente se define como el progreso?

- En absoluto, yo no soy pesimista. No pasará nada. Por la simple razón que el hombre es bueno para nada, incluso incapaz de destruirse. Una calamidad total promovida por el hombre, personalmente yo encontraría eso maravilloso. La prueba que finalmente él hubiera tenido éxito en fabricar algo con sus manos, con su cabeza, sin intervención divina, natural u otra.

Todas esas bellas bacterias bien alimentadas se pasean en el mundo, como los saltamontes bíblicos, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no pasará. La ciencia tiene su buena crisis de responsabilidad. Todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo he dicho, lo real irá ganando como siempre, y nosotros estaremos perdidos como siempre.

- Otra de las paradojas de Jacques Lacan. Se le reprocha no solamente la dificultad del lenguaje y la oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas lingüísticas, los retruécanos a la francesa, y precisamente las paradojas. El que escucha o quien lee tiene el derecho de sentirse desorientado.

- Yo no agrado del todo, digo cosas muy serias. Salvo que yo utilice las palabras, como los científicos utilizan sus alambiques y sus artilugios electrónicos. Yo busco siempre remitirme a la experiencia del psicoanálisis.

- Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre medio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que se ve con el ojo desnudo, se toca…

- En primer lugar, saquemos este hombre medio que para comenzar no existe, es solamente una ficción estadística, existen individuos y es todo. Cuando yo escucho hablar del hombre de la calle, de sondeos, de fenómenos de masa o de cosas parecidas, pienso en todos los pacientes que he visto pasar sobre el diván de mi consultorio en cuarenta años de escucha. No hay uno, quien sea de alguna manera parecido al otro, ni uno con las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de contar, el mismo miedo de no comprender. El hombre medio ¿quién es? ¿yo, usted, mi portero, el presidente de la República?

- Nosotros hablamos de lo real, del mundo que todos nosotros vemos…

- Precisamente. La diferencia entre lo real, a saber lo que no va, y lo simbólico y lo imaginario, a saber la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no es, basta pensar en todas las cosas banales que una infinidad de personas estúpidas creen ser el mundo. Y yo invito, a los amigos de Panorama, antes de acusarme de paradojal, a reflexionar acerca de lo que ellos acaban de leer.

- Cada vez más pesimista, se diría…

- Eso no es verdad. Yo no me ubico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Cuidado si un psicoanalista no ha superado su estado de angustia. Es verdad, hay alrededor nuestro, cosas horripilantes y devoradoras como la televisión, por las cuales la mayoría de nosotros se encuentra regularmente fagocitada. Pero es solamente porque las personas se dejan fagocitar, ellos llegan a inventarse un interés por lo que ven.

Después, hay otros artilugios monstruosos también devoradores, los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo del mar, etc.,… todas cosas que devoran, pero no hay por qué hacer un drama. Yo estoy seguro que cuando nos cansemos de tantos cohetes, de la televisión y de todas sus malditas investigaciones vacías, encontraremos otras cosas para ocuparnos. Hay una reviviscencia de la religión, ¿no?; ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión, un mercado continuo, para divertirse durante siglos como ya ha sido demostrado?

Mi respuesta a todo esto es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. El solo real concebible al cual nosotros tendríamos acceso es precisamente este, será necesario inventarse una razón. Dar un sentido a las cosas como se diría. De otro modo, el hombre no tendría angustia. Freud no habría devenido célebre y yo sería profesor de colegio.

- Las angustias: ¿son siempre de este tipo o bien hay angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a ciertas etapas históricas, a ciertas latitudes?

- La angustia del científico que tiene miedo de sus propios descubrimientos puede parecer reciente, pero qué sabemos nosotros de lo que ha pasado en otras épocas, de los dramas de otros investigadores? La angustia del obrero remachado a la cadena de montaje como al remo de una galera, es la angustia de hoy en día. ¿O simplemente está ligada a las definiciones y a las palabras de hoy?

- ¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis?

- Algo que se sitúa en el exterior de nuestro cuerpo, un temor, un temor de nada que el cuerpo, pueda motivar. En suma, el miedo al miedo. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel donde nosotros los percibimos, tienen algo que ver con el sexo.

Freud decía que la sexualidad, para el animal parlante que llamamos hombre, no tiene remedio ni esperanza. Uno de los deberes del analista es encontrar en las palabras del paciente el lazo entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.

- Ahora que se pone al sexo en todas las salsas, sexo en el cine, sexo en el teatro, en la televisión, en los diarios, en las canciones, en la playa, uno escucha decir que las personas están menos angustiadas por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo no da más miedo…

- La sexomanía galopante es solamente un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa seria que mira, repito, una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe un psicoanálisis colectivo, como no existen angustias o neurosis de masa.

Que el sexo sea puesto al orden del día y expuesto en todas las esquinas de las calles, tratado de la misma manera que cualquier detersivo en los carruseles televisivos, no constituye absolutamente una promesa de algún beneficio. No digo que esté mal. Por supuesto, esto no sirve para curar las angustias y los problemas singulares. Esto es parte de la moda, de esta falsa liberación que nos ha sido provista por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve al nivel del psicoanálisis.

Referências

[1] Revista Tel quel, publicación de difusión en Francia.

[2] Epígono: Término que señala “El que sigue las huellas de otro. Se dio esta denominación a los hijos de los siete héroes que en la guerra contra Tebas perecieron al mando del rey Adrasto de Argos y fueron vengados por aquellos diez años después.†Agrega el diccionario: “Seguidor de una escuela o estilo anterior.â€. Gran Enciclopedia Universal Tomo 14 página 4278. (2005).

[3] Se respeta como se presenta en la versión original, debido a las connotaciones teórico-clínicas que implica dicho significante en la enseñanza lacaniana.

agosto 22, 2008

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Jacques Lacan – Cronologia

Arquivado em: Lacan, Psicanalise — admin @ 4:41 pm

Fonte: http://www.lacan.com/rolleyes.htm

1901 — Jacques-Marie-Émile Lacan is born in Paris, April 13, to a family of solid Catholic tradition. He is educated at the Collège Stanislas, a Jesuit school. He has a sister, Magdeleine-Marie and a younger brother Marc-Marie, who later becomes a Benedictine at the abbey of Hautecombe. His brother's name appears before those of his parents in his thesis dedication. After his baccalauréat he studies medicine and later psychiatry.
1927 — Starts clinical training, works at Sainte-Anne's hospital in the second section of women and in the Clinic for Mental and Encephalic Diseases directed by Professor Henri Claude. A year later he works in the Special Infirmary Service where Clérambault had a practice. Up to 1932 Lacan was involved in the Societété Neurologique, the Société de Psychiatrie and the Société Clinique de Médecine mentale, he was fully integrated in the official circles of neurology and psychiatry.
1931 —  Lacan presents some of his hypotheses at the Evolution Psychiatrique and publishes the following year in the Revue française de psychanalyse his translation of Freud's "On Some Neurotic Mechanisms in Jealousy, Paranoia and Homosexuality." Receives a diploma as a forensic psychiatrist. He publishes Structure des psychoses paranoïaques, Semaine des Hôpitaux de Paris, 7 July 1931.
1932 — Awarded doctorate for his thesis: De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la personalité, Paris: Le Français, 1932. Later though (1975) he will state that paranoid psychosis and personality are the same thing. One name stands out by its absence from the list of dedication: that of Clérambault. It was because of their differences that Lacan failed his agrégation. At that time Lacan declares that in his thesis he was against "mental automatism," Clérambault's theory.
1933 — Because of his thesis he becomes a specialist in paranoia. The richness of his text and the multiplicity of its aspects appealed to very different circles, especially the analysis of the case of Aimée make him famous with the Surrealists. Between this year and 1939, he takes Kojève's course at the Ecole Pratique des Hautes Etudes, an "Introduction to the reading of Hegel." He publishes Motifs du crime paranoïque: le crime des soeurs Papin. Minotaure 3/4.
1934 — He is appointed doctor of the Asiles, and marries Marie-Louise Blondin, mother of Caroline, Thibaut and Sibylle. While in analysis with Rudolph Loewenstein, Lacan becomes a member of La Société Psychoanalytique de Paris (SPP). Loewenstein is one of the four training analysts of the S.P.P. His analysis ends in 1939 with Loewenstein's departure to the war.
1938 — Becomes a full member of the SPP. Lectures at the S.P.P. on De l'impulsion au complexe where he argues for a "primordial structural stage" called "stage of the fragmented body in the development of the ego." At this stage "pure drives" (la pulsion à l'état pur) would appear in states of "horror" inseparable from a "passive beatitude." To defend his thesis, he presents two cases of patients at length. He publishes La famille: Encyclopédie française, Vol. 8.
1940 — Works at Val-de-Grâce, the military hospital in Paris. During the German Occupation, he does not partake in any official activity. "For several years I have kept myself from expressing myself. The humiliation of our time under the subjugation of the enemies of human kind dissuaded me from speaking up, and following Fontenelle, I abandoned myself to the fantasy of having my hand full of truths so as to better close it on them." In "Propos sur la causalité psychique," from 1946 and published in Écrits.
1947 — In 1946, the S.P.P. resumes its activities and Lacan, with Nacht and Lagache, takes charge of training analyses and supervisory controls and plays an important theoretical and institutional role. After visiting London in 1945 he publishes La Psychiatrique anglaise et la guerre, in Evolution psychiatrique1.
1951 — The S.P.P. begins to raise the issue of Lacan's short sessions, as opposed to the standard analytical hour. Lacan argues that his technique accelerates analysis. The underlying logic is that if the unconscious itself is timeless, it makes no sense to insist upon standard sessions. Lacan defends his use of short sessions a year later in La psychanalyse, dialectique?, unpublished.
1952 — During this period of crisis at the S.P.P. (1951-52), the responsability for the report on the 1953 conference in Rome "Fonction et champ de la parole et du langage" is assigned to Lacan. At the time he is considered to be the most productive and original theoretician of the group, all the more so because he always uses the classical terms of the Freudian othodoxy when speaking within the S.P.P.
1953 — In his project for the statutes of the S.P.P. Lacan organizes the curriculum around four types of seminars: commentaries of the official texts (particularly Freud's), courses on controlled technique, clinical and phenomenological critique, and child analysis. A large amount of freedom of choice is left to students in training. In January Lacan is elected President of the S.P.P. Six months later he resigns to join the Société Française de Psychanalyse (S.F.P.) with D. Lagache, F. Dolto, J. Favez-Boutonier among others. (At S.F.P.'s first meeting, Lacan lectures on "Le Symbolique, l'Imaginaire et le Réel"). Nevertheless the S.F.P. is allowed to be present in Rome where Lacan delivers his report: "Fonction et champ de la parole et du langage," discourse in which, for once, remarks Lagache with humor, "he is in no way Mallarmean." On July 17 he marries Sylvia Maklès, mother of Judith. That Fall Lacan starts his seminars at the Hôpital Sainte-Anne.
— The Neurotic's Individual Myth: Psychoanalytic Quarterly, 1979.
1954 — The positive reception of the expression "the return to Freud" and of his report and discourse in Rome give Lacan the will to reelaborate all the analytical concepts. His critique of analytic literature and practice spares almost nobody. Lacan returns to Freud yet his return is a re-reading in relation with contemporary philosophy, linguistics, ethnology, biology and topology. At Sainte-Anne he helds his seminars every Wednesday and presents cases of patients on Fridays.
— Le séminaire, Livre I: Les écrits techniques de Freud, Paris: Seuil, 1975; The Seminar, Book I: Freud's Papers on Technique, 1953 - 54, New York: Norton, 1988.
1955 — Lacan will remain at Sainte-Anne till 1963. The first ten Seminars elaborate fundamental notions about psychoanalytic technique, the essential concepts of psychoanalysis, and even its ethics. Students give presentations yet it is the Tuesday night conferences that fed Lacan's commentaries on Wednesdays.
— Le séminaire, Livre II: Le moi dans la téorie de Freud et dans la technique de la psychanalyse, Paris: Seuil, 1978; The Seminar, Book II: The Ego in Freud's Theory and in the Technique of Psychoanalysis, 1954 - 55, New York: Norton, 1988.
1956 — "The flexibility of the S.F.P. increases Lacan's audience. Celebrities are attracted to his seminars (Hyppolite's analysis of Freud's article on Dénégation, given during the first seminar, is a well-known example). Koyré on Plato, Lévi-Strauss, Merleau-Ponty, Griaule, the ethnologist, Benvéniste among others attend his courses.
— "Fetishism: The Symbolic, The Real and The Imaginary" (in collaboration with W. Granoff), in S. Lorand and M. Balint, eds.,Perversions: Psychodynamics and Therapy, New York: Random House, 1956.
— Le séminaire, Livre III: Les psychoses, Paris: Seuil, 1981; The Seminar, Book III: The Psychoses, 1955 - 56, New York: Norton, 1993.
1957 — During this period Lacan writes, on the basis of his seminars, conferences and addreses in colloquia, the major texts that are found in Écrits in 1966. He publishes in a variety of journals, notably in L'Evolution Psychiatrique, which takes no account of the S.P.P. / S.F.P. conflict and Bulletin de la Société de Philosphie. J.B. Pontalis, Lacan's student, publishes with his consent the accounts of Seminars IV, V and VI in Bulletin de Psychanalyse. — Le séminaire, Livre IV: La relation d'objet et les structures freudiennes, Paris: Seuil, 1994.
1958 — In the S.P.P. executive board, positions and titles are exchanged with perfect regularity until Serge Leclaire becomes secretary and then president. Yet Lacan emerges, if not the only thinker of the group, at least as the one who has the largest audience and the most audacity, especially since his practice of short sessions secures him the greatest number of analysts-in-training. A Lacan group begins to organize itself, identifiable by its language and its modes of intevention in discussions.
— Le séminaire, Livre V: Les formations de l'inconscient, Paris: Seuil, 1998.
1959 — The first issue of La Psychanalyse from 1956 is entirely devoted to Lacan: it includes the Rome report and discourse with the discussions that followed with Lacan's response, the commentaries from Seminar I on Hyppolite's analysis of denegation and Lacan'S translation of Heidegger's Logos. In a following issue Hesnard will comment on Wo es war, soll Ich werden that according to Lacan the "I" must come to the place where the "id" was: "là où était le 'ça' 'je' dois advenir." This opposes the S.P.P.'s translation: "the ego must drive out the id."
— Le séminaire, Livre VI: Le désir et son interpretation, unpublished.
1960 — In his Ethics Lacan defines the true ethical foundations of psychoanalysis and constructs an ethics for our time, an ethics that would prove to be equal to the tragedy of modern man and to the "discontent of civilization" (Freud). At the roots of the ethics is desire: analysis' only promise is austere, it is the entrance-into-the-I, l'entrée-en-Je. "I must come to the place where the id was," where the analysand discovers, in its absolute nakedness, the truth of his desire. The end of psychoanalysis entails "the purification of desire." This text functions throughout the years as the background of Lacan's work.
— Le séminaire, Livre VII: L'éthique de la psychanalyse, Paris: Seuil, 1986.The Seminar, Book VII: The Ethics of Psychoanalysis, 1959-60, New York: Norton, 1992.
1961 — At the colloqium on dialectic organized by Jean Wahl at Royaumont the previous year, Lacan defends three assertions: psychoanalysis, insofar as it elaborates its theory from its praxis, must have a scientific status; the Freudian discoveries have radically changed the concepts of subject, of knowledge, and of desire; the analytic field is the only one from where it is possible to efficiently interrogate the insufficiencies of science and philosophy. This major intervention will appear in Écrits as "Subversion of the Subject and Dialectic of Desire in the Freudian Unconscious," where the subject of psychoanalysis is neither Hegel's absolute subject nor the abolished subject of science. It is a subject divided by the emergence of the signifier. As to the subject of the unconscious, it is impossible to know who speaks. It is "the pure subject of the enunciation," which the pronoun "I" indicates but does not signify. Yet the key concept is that of desire: "it is precisely because desire is articulated that it is not articulable in a signifyng chain."
— Le séminaire, Livre VIII: Le transfert, Paris: Seuil, 1991.
1962 — Meanwhile S.F.P. members want to be recognized by the I.P.A. At the Congress of Edinburgh in 1961, the I.P.A. committee recommends that the S.F.P. become a supervised study group of the I.P.A. Moreover, in a series of twenty requirements it asks the S.F.P. to ban Lacan (also Dolto and Bergé) from the analysts' training: the problem of the short sessions, which was already at stake during the first split, is back for discussion. Lacan did not "give in on his desire," and neither did the I.P.A. make concessions about its principles. He was not banned from psychoanalytic practice nor from teaching: he was denied the right to train analysts. Driven to choose between Lacan and affiliation with the I.P.A., Paris opts for the time being not to make any decision. Moreover, a motion is adopted by the Bureau of the S.F.P. stating that "any attempt to force the expulsion of one of its founder members would be discriminatory, and would offend against both the principles of scientific objectivity and the spirit of justice." Lacan and Dolto are elected president and vice-president.
Later that year, Lacan is appointed chargé de cours at the ...cole Pratique des Hautes ...tudes (Paris) and a series director at ...ditions du Seuil. The series will be known as Le Champ freudien: in time his Seminars and ...crits will be published in there.
— Le séminaire, Livre IX: L'identification, unpublished.
1963 —  In January, Serge Leclaire succeeds Lacan as president of the S.F.P. In May, envoys from the I.P.A visit Paris and meet with Leclaire. Not only they express doubts about Lacan's attitude towards Freud (he studies Freud's texts obsessionally, in the manner of medieval schoolar) they also claim that Lacan manipulates transference through the short session: he must be excluded from the training courses. At the Congress of Stockholm, in July, the I.P.A. votes an ultimatum: within three months Lacan's name has to be crossed off the list of didacticians. Everything is organized to reorient his students in training analysis towards others analysts, thanks to a committee supervised by the I.P.A. Two weeks before the expiration of the deadline fixed by the I.P.A. (October 31), Lagache, Granoff and Favez advance a motion calling for Lacan's name to be removed from the list of training analysts: the committee of didacticians of the S.F.P. gives up its courageous position of 1962. On November 19 a general meeting has to make a final decision on I.P.A.'s conditions regarding Lacan. Lacan then writes a letter to Leclaire announcing he will not attend the meeting because he can foresee the disavowal. Thus, on Novembre 19, the members' majority takes the position in favor of the ban. As a result of it Leclaire and Dolto resign from office. During the night Lacan learns the decision made at the meeting: he no longer is one of the didacticians. The next day, his seminar on "The Names-of-the-Father" is to start at Sainte-Anne: he announces its end. Fragments of it are published in L'excommunication
— Le séminaire, Livre X: L'angoisse, Paris: Seuil, 2004.
1964 — Lacanians form a Study Group on Psychoanalysis organized by Jean Clavreul, until Lacan officially founds L'Ecole Française de Psychanalyse. Soon it becomes L'Ecole Freudienne de Paris (E.F.P.). "I hereby found the Ecole Française de Psychanalyse, by myself, as alone as I have ever been in my relation to the psychoanalytic cause." The E.F.P. is organized on the basis of three sections: pure psychoanalysis (doctrine, training and supervision), applied psychoanalysis (the cure, casuistics, psychiatric information), and the Freudian field (commentaries on the psychoanalytic movement, articulation with related sciences, ethics of psychoanalysis).
With Lévi-Strauss and Althusser's support, he is appointed lecturer at the Ecole Pratique des Hautes Etudes. He begins his new seminar on "The Four Fundamental Concepts of Psychoanalysis" in January in the Dussane room at the Ecole Normale Supérieure (in his first session he thanks the generosity of Fernand Braudel and Claude Lévi-Strauss).
— Le séminaire, Livre XI: Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Paris: Seuil, 1973.The Seminar, Book XI: The Four Fundamental Concepts of Psychoanalysis, New York: Norton, 1981.
1965 — Having founded his own école, Lacan's renown increases considerably in his new settings at the rue d'Ulm. He keeps presenting cases of patients at Sainte-Anne; members of his école work and teach in Paris in hospitals such as Trousseau, Sainte-Anne and Les Enfants Malades; and others join universities or hospitals in the provinces (Strasbourg, Montpellier, Lille). In his seminars he explains his project to teach "the foundations of psychoanalysis" as well as his position within the psychoanalytic institution. His audience is made of analysts but also of young students in philosophy at the E.N.S., notably Jacques-Alain Miller, to whom Althusser assigns the reading of "all of Lacan" and who actually does it. It is him who asks Lacan the famous question: "Does your notion of the subject imply an ontology?"
—  Le séminaire, Livre XII: Problèmes cruciaux pour la psychanalyse, unpublished.
1966 — Lacan wants to continue to train analysts, his first priority. Yet, at the same time, his teaching is adressed to the non analysts, and thus he raises these questions: Is psychoanalysis a science? Under what conditions is it a science? If it is-the "science of the unconscious" or a "conjectural science of the subject"-what can it, in turn, teach us about science? Cahiers pour l'Analyse, the journal of the Cercle d'Epistémologie at the E.N.S. is founded by Alain Grosrichard, Alain Badiou, Jean-Claude Milner, François Regnault and Jacques-Alain Miller among others. It publishes texts by Lacan in three of its issues that very year. In July Judith Lacan marries Jacques-Alain Miller.
— Écrits
, Paris: Seuil, 1966. Écrits, A Selection, New York: Norton, 1977. The French version immediately became a best-seller and draws considerable public attention to the école far beyond the intelligentsia.
— Le séminaire, Livre XIII: L'objet de la psychanalyse, unpublished.
1967 — Lacan states in the Acte de Fondation that he shall undertake the direction of the école during the four years, "a direction about which nothing at present prevents me from answering." In fact Lacan remains its director until the dissolution in 1980. He divides the école into three sections: the section of pure psychoanalysis (training and elaboration of the theory, where members who have been analyzed but haven't become analysts can participate); the section for applied psychoanalysis (therapeutic and clinical, physicians who have neither completed nor started analysis are welcome); the section for taking inventory of the Freudian field (it concerns the critique of psychoanalytic literature and the analysis of the theoretical relations with related or affiliated sciences). To join the école, the candidate has to apply to an organized work-group: the cartel.
—  Proposition du 9 octobre 1967 sur le psychanalyste à l'Ecole," Scilicet 1.
— Le séminaire, Livre XIV: La logique du fantasme, unpublished.
1968 — The novelty of the proposition of 1967 lies in the modification of access to the title of Analyst of the Ecole (A.E.), a rank superior to that of Member Analyst of the Ecole (A.M.E.). The analysts appointed as A.E. are those who have volunteered for the passe and have come victorious out of the trial. The passe consists of testifying, in front of two passeurs, to one's experience as an analysand and especially to the crucial moment of passage from the position of analysand to that of analyst. The passeurs are chosen by their analysts (generally analysts of the école) and should be at the same stage in their analytic experience as the passant. They listen to him and then, in turn, they testify to what thay have heard in front of a committee for approval composed of the director, Lacan, and of some A.E. This committee's function is to select the analysts of the école and to elaborate, after the selecting process, a "work of doctrine."
— Le séminaire, Livre XV: L'acte psychanalytique, unpublished.
1969 — The issue of the passe keeps invading the E.F.P.'s life. "Le quatrième groupe" is formed around those who resign from the E.F.P. disputing over Lacan's methods for the analysts' training and accreditation. Lacan takes a stand in the crisis of the university that follows May 1968: "If psychoanalysis cannot be articulated as a knowledge and taught as such, it has no place in the university, where it is only a matter of knowledge." The E.N.S. director, Flacelière, finds an excuse to tell Lacan that he is no longer welcome at the E.N.S. at the beginning of the academic year. Moreover, Cahiers pour l'Analyse has to stop its publication, but Vincennes appears as an alternative. Michel Foucault asks Lacan to create and direct at Vincennes the Department of Psychoanalysis. Lacan suggests that S. Leclaire, rather than himself, should undertake the project. Classes start in January. Thanks to Lévi-Strauss Lacan moves his seminars to the law school at the Panthéon.
— Le séminaire, Livre XVI: D'un Autre à l'autre, unpublished. In there Lacan argues that "the Name-of-the-Father is a rift that remains wide open in my discourse, it is only known through an act of faith: there is no incarnation in the place of the Other."
1970 — In his seminar L'envers de la psychanalyse Lacan establishes the four discourses: Master's, university's, hysteric's and the analyst's discourse. He discusses the Father of Totem and Taboo who is all love (or jouissance) and whose murder generates the love of the dead Father, a figure to whom he opposes both the Father presiding over the first idealization and the Father who enters the discourse of the Master and who is castrated from the origin. "The death of the father is the key to supreme jouissance, later identified with the mother as the aim to incest." Yet psychoanalysis is not constructed on the proposition'to sleep with the mother' but on the death of the father as primal jouissance. The real father is not the biological one but he who upholds "the Real as impossible." In "Radiophonie, "Scilicet2/3, Lacan argues that "if language is the condition of the unconscious, the unconscious is the condition of linguistics." Freud anticipated Saussure and the Prague Circle by sticking to the letter of the patient's word, to jokes, to slips, by bringing into light the importance of condensation and displacement in the production of dreams. The unconscious states that "the subject is not the one who knows what he says." Whoever articulates the unconscious must say that it is either that or nothing.
— Le séminaire, Livre XVII: L'envers de la psychanalyse, Paris: Seuil, 1991.
1971 — One novelty in Lacan's teaching is his return to the hysteric with Dora and la Belle Bouche erre (the Beautiful Mouth wanders and an allusion to the beautiful butcher's wife analyzed by Freud and carried on in La direction de la cure Three questions: the relation betwen jouissance and the desire for unfulfilled desire; the hysteric who 'makes the man' (or the Master) insofar as she constructs him as "a man prompted by the desire to know;" a new conception of the analytic treatment as a "hysterization of discourse."
— Le séminaire, Livre XVIII: D'un discours qui ne serait pas du semblant, unpublished.
1972 — As to Lacan "in psychoanalysis (as well as in the unconscious) man knows nothing of woman, and woman nothing of man. The pahallus epitomizes the point in myth where the sexual becomes the passion of the signifier." For him the structure is the body of the symbolic: "there is no sexual rapport, implies no sexual rapport that can be formulated in the structure." There is "no appropiate signifier to give substance to a formula of sexual rapport."
— "L'étourdit" Scilicet 4.
— Le séminaire, Livre XIX: ... ou pire, unpublished.
1973 — In Encore Lacan argues that woman would only enter in the sexual rapport quoad matrem (as a mother) and man quoad castrationem (phallic jouissance). Hence there is no real rapport and love as well as speech make up for his absence. And he adds: "There is woman only as excluded by the nature of words,...for man she is on the side of truth and man does not know what to do with it." In Le savoir psychanalytique from 1972, Lacan argues: "I am not saying that speech exists because there is no sexual rapport. I am not saying either that there is no sexual rapport because speech is there. But there is no sexual rapport because speech functions on that level that analytic discourse reveals to be specific to speaking human beings. The importance, the preeminence of what makes sex a semblance, the semblance of men and women. Between man and love, there is woman; between man and woman, there is a world; betwen man and the world, there is a wall. What is at stake in a serious love relationship between a man and a woman is castration. Castration is the means of adaptation to survival."
— Le séminaire, Livre XX: Encore, Paris: Seuil, 1975.The Seminar, Book XX: On Feminine Sexuality, the Limits of Love and Knowledge: Encore, New York: Norton, 1998.
1974 — The Vincennes Department of Psychoanalysis is renamed "Le Champ freudien;" Lacan, director, and Jacques-Alain Miller, president. In Télévision, Paris: Seuil, (the text is based on a broadcast on the ORTF produced by Benoît Jacquot) Lacan makes is famous statement: "I always speak the truth. Not the whole truth, because there's no way to say it all. Saying it all is materially impossible: words fail. Yet it is through this very impossibility that the truth holds to the real."Television, New York: Norton, 1990.
— Le séminaire, Livre XXI: Les non-dupes errent, unpublished.
1975 — Lacan travels to the United States where he lectures at Columbia University (Auditorium, School of International Affairs), general discussion at Yale University (Kanzer Seminar and Law School Auditorium) followed by another general discussion at the Massachusetts Institute of Technology.
— Le séminaire, Livre XXII: R.S.I. in Ornicar? 2.
1976 — Lacan posits that the notion of structure does not allow to create a common field uniting linguistics, ethnology and psychoanalysis. Linguistics has no hold over the unconscious because "it leaves as a blank that which produces effects in the unconscious: the objet a, the very focus of the analytical act, and of any act. "Only the discourse that is defined in the terms of psychoanalysis manifests the subject as other giving him the key to his division, whereas science, by making the subject a master, conceals him to the extent the the desire that gives way to him bars him from me without remedy." There is only one myth in Lacan's discourse: the Freudian Oedipus complex.
— Le séminaire, Livre XXIII: Le sinthome, in Ornicar? 6.
1977 — Le séminaire, Livre XXIV: L'insu que sait de l'une bévue s'aile à mourre, in Ornicar? 12/13.
1978 — Le séminaire, Livre XXV: Le moment de conclure. One session only published as "Une pratique de bavardage," Ornicar? 19.
1979 — Le séminaire, Livre XXVI: La topologie et le temps, unpublished.
1980 — On January 9, Lacan announces the dissolution of the EFP in a letter addressed to members and published in Le Monde. He asks those who wish to continue working with him to state their intentions in writing. He receives over one thousand letters within a week. On February 21, Lacan announces the founding of "La Cause freudienne." In July he attends an international conference in Caracas. "I have come here before launching my Cause freudienne. It is up to you to be Lacanians if you wish; I am Freudian."
— Le séminaire, Livre XXVII: Dissolution, in Ornicar? 20/21.

1981 — September 9, Lacan dies in Paris.
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Jacques Lacan – Entrevista

Arquivado em: Lacan, Psicanalise — admin @ 4:31 pm

Autor: Emilia Granzotto
Traducido por: Olga Mabel Máter – licmater@fibertel.com.ar e Alejandra Freschi – alejandra_freschi@hotmail.com
Fonte: http://psicanalises.blogspot.com/2007_07_01_archive.html#5690674281980307907

A raíz de la iniciativa de Olga Máter y de Alejandra Freschi convertida en la presente traducción de la entrevista realizada a Jacques Lacan por la periodista y escritora italiana Emilia Granzotto, elSigma ofrece la integridad de esta versión a sus lectores. Se trata de un material histórico en el que nos encontramos con un Lacan claro y preciso en sus conceptos, empeñado en dirigirse a un público más amplio que el académico.
El 21 de noviembre de 1974, al momento del reportaje, el ámbito psicoanalítico estaba atravesado por las vicisitudes de una época en transformación violenta. El mundo pulsional des-cubierto por Freud habla precisamente de ello como parte de la condición humana de todos los tiempos.
En el medio local se expandía más el pensamiento lacaniano mediante la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires –la primera escuela lacaniana no fundada por Lacan imbuida por la transmisión de Oscar Masotta– acontecida cinco meses antes.
La irrupción de Paris como una de las capitales pujantes del psicoanálisis tras el eclipse progresivo de la Escuela Inglesa, ¿habrá motivado a su vez que un año antes se eligiera al primer francés para desempeñar la presidencia de la IPA: Serge Lebovici?
Nos situamos a 35 años de la muerte de Freud –el genial escritor de la huella psicoanalítica que nos recorre–, y en los 73 años de edad de Lacan –prominente teórico y orador que avanzó con novaciones sustanciales para nuestro quehacer en cuanto al pensamiento acerca del sujeto y a las implicancias clínicas de los nuevos abordajes–.
En 1974. Lacan tomó la dirección –en el Departamento de Psicoanálisis fundado cinco años antes por Serge Leclaire– de una cátedra del “Champ Freudienâ€. Pronuncio la “Conferencia de Romaâ€, y estaba al instante de la entrevista, a 20 días de sumergirse –“entre nudosâ€â€“ en la primera clase del Seminario R.S.I. que dictaría hasta mayo del ’75.
Alberto Santiere

Emilia Granzotto: -Profesor Lacan, se escucha cada vez más a menudo hablar de la crisis del psicoanálisis: se dice que Sigmund Freud está pasado de moda, la sociedad moderna ha descubierto que su doctrina ya no es suficiente, para comprender al hombre ni para interpretar a fondo su relación con el medioambiente, con el mundo.
Jacques Lacan: -Esas son historias. Primero, no hay crisis. El psicoanálisis no tiene del todo localizados sus límites, al contrario. Hay todavía muchas cosas por descubrir en la práctica y en la doctrina. En psicoanálisis no hay una solución inmediata, pero solamente a la larga, espera investigar los por qué.
Segundo: Freud. ¿Cómo se puede juzgar que está pasado de moda si nosotros no lo hemos comprendido totalmente? Lo que, sabemos es que ha hecho conocer cosas perfectamente novedosas que no se habían imaginado antes que él, problemas… desde el inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, del acceso a lo simbólico, a la sujeción a las leyes del lenguaje.
Su doctrina ha puesto en cuestión la verdad, un asunto que importa a cada uno, personalmente. Nada tiene que ver con una crisis. Yo repito: se está lejos de los objetivos de Freud. Es también porque su nombre ha servido para cubrir muchas cosas, desviaciones, los epígonos[2] no han seguido siempre fielmente el modelo, esto ha creado la confusión.
Después de su muerte, en el ‘39, mismo algunos de sus alumnos han pretendido hacer el psicoanálisis de otra manera, reduciendo su enseñanza a algunas pequeñas fórmulas banales: la técnica como rito, la práctica reducida al tratamiento del comportamiento y, como objetivos, la readaptación del individuo a su medioambiente social. Es decir la negación de Freud, un psicoanálisis acomodaticio, de salón.
El lo había previsto. Decía que hay tres posiciones imposibles de sostener, tres intervenciones imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Hoy poco importa qué responsabilidades tiene el gobernante, y todo el mundo se pretende educador. En cuanto a los psicoanalistas, desgraciadamente, ellos prosperan como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarlos significa el éxito asegurado y la clientela detrás de la puerta. El psicoanálisis es otra cosa.
- ¿Qué exactamente?
- Yo lo defino como un symptôme[3], revelador del malestar de la civilización en la cual nosotros vivimos. No es, por supuesto, una filosofía, yo aborrezco la filosofía, hace mucho tiempo que ella no dice nada interesante. No es tampoco fe, y no me gusta llamarla ciencia. Decimos que es una práctica que se ocupa de lo que no marcha bien, terriblemente difícil porque ella pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible y lo imaginario. Hasta ahora, ella ha obtenido ciertos resultados, pero no tiene todavía reglas y se presta a toda clase de equivocaciones.
No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, que tiene relación con la medicina, o con la psicología o con las ciencias afines. Ella es también muy joven. Freud ha muerto hace a penas 35 años. Su primer libro La interpretación de los sueños ha sido publicado en 1900, y con muy poca repercusión. Creo que ha tenido 300 ejemplares vendidos por aquellos años. Tenía también muy pocos alumnos, que pasaban por locos, y ellos mismos no se ponían de acuerdo sobre la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.
- ¿Qué es lo que no marcha bien en el hombre?
- Hay una gran fatiga de vivir, resultado del camino hacia el progreso. Se espera del psicoanálisis que descubra hasta donde se puede ir arrastrando esta fatiga, este malestar de la vida.
- ¿Qué empuja a la gente a psicoanalizarse?
- El miedo. Cuando le pasan cosas, mismo cosas que ha querido, que él no comprende, el hombre tiene miedo. Sufre por no comprender y poco a poco entra en un estado de pánico, es la neurosis. En la neurosis histérica el cuerpo enferma por el temor de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva el miedo pone cosas bizarras en la cabeza… pensamientos que uno no puede controlar, fobias en las cuales formas y objetos adquieren significaciones diversas y espantosas.
- ¿Por ejemplo?
- Llega a la neurosis de sentirse empujado por una necesidad horrorosa, de ir a verificar decenas de veces si la canilla está verdaderamente cerrada o si tal cosa está bien en su sitio, sabiendo con certeza que la canilla está como debe ser, y que todo está en su sitio. No hay píldora que cure esto. Tú debes descubrir por qué se llega y saber lo que esto significa.
- ¿Y el tratamiento?
- La neurosis es una enfermedad que se trata con la palabra, ante todo con la suya. Él debe hablar, contar, explicar,… el mismo Freud lo define así “asunción de la parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otroâ€.
El psicoanálisis es el rey de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente, no es tan profundo más bien es inaccesible a la profundidad conciente. Y decía también que en este inconsciente “eso hablaâ€: un sujeto en el sujeto, transcendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.
- ¿Palabra de quién?; ¿del enfermo o del psicoanalista?
- En psicoanálisis, los términos enfermo, médico, medicina, no son exactos, no son utilizados. Mismo las fórmulas pasivas que son utilizadas habitualmente no son justas. Se dice “hacerse psicoanalizarâ€. Eso es falso. Quien hace el verdadero trabajo en análisis es el que habla, el sujeto analizando, mismo si lo hace sobre al modo sugerido por el analista que le indica como proceder y lo ayuda por las intervenciones. Las interpretaciones le son abundantes, parecen al principio dar sentido a lo que el analizando dice.
En realidad la interpretación es más sutil, tiende a borrar el sentido de las cosas por las cuales el sujeto sufre. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que su symptôme, digamos la enfermedad, no está en relación con nada, está desprovista de todo sentido. Mismo si en apariencia es real, no existe.
Las vías por las cuales esta acción de la palabra procede demandan una gran práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medida son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que uno da al analizante; es por esto que el psicoanálisis es difícil.
- Cuando se habla de Jacques Lacan, se asocia inevitablemente ese nombre a una fórmula: “el retorno a Freudâ€; ¿qué significa esto?
- Exactamente lo que he dicho. El psicoanálisis es Freud. Si uno quiere hacer psicoanálisis, es necesario referirse a Freud, a sus términos, a sus definiciones, leídos e interpretados en su sentido literal. Yo he fundado en París una escuela freudiana justamente para eso.
De esto hace veinte años y más que yo vengo explicando mi punto de vista: el retorno a Freud significa simplemente despejar el campo de las desviaciones y de los equívocos, de las fenomenologías existenciales, por ejemplo el formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de su enseñanza según los principios definidos y catalogados en su trabajo. Releer Freud quiere decir solamente releer Freud. Aquel que no haga esto en psicoanálisis utiliza formas abusivas.
- Pero Freud es difícil. Y Lacan se dice lo vuelve incomprensible. ¿Se reprocha a Lacan de hablar, sobre todo de escribir, de tal manera que solo algunos iniciados puedan esperar comprender?
- Yo lo sé. Tengo la reputación de ser un confuso que oculta su pensamiento en las nubes de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo realâ€. ¿Está claro? Pero el psicoanálisis no es algo simple.
Mis libros son famosos incomprensibles. ¿Pero por qué? Yo no los he escrito para todos, para que sean comprendidos por todos. Al contrario, yo no me he preocupado un instante de disfrutar con algunos lectores. Yo tenía cosas que decir y las he dicho. Me basta con tener un público que lee, si no comprende tanto peor. En cuanto al número de lectores, yo he tenido más suerte que Freud. Mis libros son tan leídos que me asombra.
Estoy convencido que dentro de diez años como máximo, quien me leerá me encontrará transparente como un bonita copa de cerveza.
- ¿Cuáles son las características del lacanismo?
- Es un poco pronto para decirlo porque el lacanismo todavía no existe. Se percibe apenas el olor, como un presentimiento.
Quien crea que sea, Lacan es un señor que practica desde hace cuarenta años el psicoanálisis y que lo estudia desde tanto tiempo. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Yo escribí en uno de mis libros que “a lo que nos conduce el descubrimiento de Freud es a la importancia del orden en el cual hemos entrado, en el cual estamos, si se puede decir, nacidos por segunda vez, saliendo del estado llamado justamente ‘infans’, sin palabraâ€.
El orden simbólico sobre el cual Freud ha fundado su descubrimiento está constituido por el lenguaje, como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de las palabras quien creó el mundo de las cosas, inicialmente confusas en el todo devenir. Solo las palabras dan un sentido consumado a la esencia de las cosas. Sin las palabras nada existiría. ¿Qué sería del placer sin el intermediario de la palabra?
Mi idea es que Freud enunciando en sus primeras obras (La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y Tabú) las leyes del inconsciente, ha formulado, precursor de los tiempos, las teorías con las cuales Ferdinand de Saussure ha abierto el camino a la lingüística moderna.
- ¿Y el pensamiento puro?
- Sometido, como todo el resto, a las leyes del lenguaje, solo las palabras pueden introducirlo y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no daría un paso adelante en las búsquedas sobre el pensamiento. Así el psicoanálisis. Cualquiera sea la función que se quiera atribuirle, agente de curación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio para servirse: la palabra del paciente. Y cada palabra demanda una respuesta.
- ¿El análisis como dialogo, entonces? Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo laico de la confesión…
- Pero qué confesión. Al psicoanalista uno no confiesa nada. Uno va a decirle simplemente todo lo que le pasa por la cabeza. Palabras precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis, es el hombre como animal hablante. Es el analista a quien le corresponde poner en serie las palabras que escucha y de darle un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, es necesario un acuerdo, una afinidad entre el analizando y el analista.
A través de las palabras de uno, el otro busca hacerse una idea de lo que se trata, y encontrar más allá del symptôme aparente el nudo difícil de la verdad. Otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer comprender al paciente lo que puede esperar del análisis.
- Es una relación de extrema confianza.
- Más bien un intercambio. En el cual lo importante es que uno habla y el otro escucha. Mismo en silencio. El analista no hace preguntas, y no tiene idea. Da solamente las respuestas que quiere dar a las cuestiones que suscitan su oportuna voluntad. Pero, a fin de cuentas, el analizando va siempre donde el analista lo lleva.
- Eso es la cura. ¿Y las posibilidades de curación? ¿Se sale de la neurosis?
- El psicoanálisis tiene éxito cuando desembaraza del campo, tanto del symptome como de lo real, así llega a la verdad.
- ¿Se puede explicar este concepto de una manera menos lacaniana?
- Yo llamo symptome a todo lo que viene de lo real. Y lo real es todo lo que no va, lo que no funciona, lo que hace obstáculo a la vida del hombre y a la afirmación de su personalidad. Lo real vuelve siempre al mismo sitio, se lo encuentra siempre ahí con las mismas manifestaciones. Los científicos tiene una bella fórmula: que no hay nada de imposible en lo real. Hace falta ser muy caradura para hacer afirmaciones de este género, o bien como yo lo sospecho, poseer una ignorancia total de lo que se hace, y de lo que se dice.
Lo real y lo imposible son antitéticos; no pueden ir juntos. El análisis empuja al sujeto hacia lo imposible, le sugiere considerar al mundo como es verdaderamente, es decir, imaginario y sin ningún sentido. Mientras que lo real, como un ave voraz, no hace más que nutrirse de cosas sensatas, de acciones que tienen un sentido.
Siempre se escucha repetir, que es necesario dar un sentido a esto y aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero de la vida nosotros no sabemos nada de nada, aunque los científicos quieran dar explicaciones.
Mi temor es que por su error, lo real, cosa monstruosa que no existe, terminará por tomar la delantera. La ciencia esta substituyendo a la religión, con tanto despotismo, de oscuridad y de oscurantismo. Hay un dios átomo, un dios espacio, etc. Si la ciencia o la religión le ganan, el psicoanálisis ha terminado.
- ¿Cuál es la relación hoy entre la ciencia y el psicoanálisis?
- Para mi la única ciencia verdadera seria a seguir, es la ciencia ficción. La otra, la que es oficial, quien tiene sus altares en los laboratorios avanza a tientas sin destino y comienza incluso a tener miedo de su sombra.
Parece que ha llegado también para los científicos el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, revestidos de sus batas almidonadas, esos viejos niños que juegan con cosas desconocidas, manipulando aparatos cada vez más complicados, e inventando fórmulas cada vez más recónditas, comienzan a preguntarse lo que podrá sobrevenir mañana y lo que terminarán por aportar sus investigaciones siempre nuevas. En fin, diría yo, ¿y si fuera demasiado tarde? Se los llama biólogos, físicos, químicos,… para mí son locos.
Recién ahora, cuando ellos están destruyendo el universo, se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso. Y ¿si todo estallara?; ¿si las bacterias tan amorosamente criadas en los blancos laboratorios se transmutaran en enemigos mortales?; ¿si el mundo fuera arrollado por una horda de esas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por los científicos de los laboratorios? A las tres posiciones imposibles de Freud, gobernar, educar, psicoanalizar, yo agregaría una cuarta: la ciencia. Salvo que ellos, los científicos, no saben que están en una posición insostenible.
- ¿Es una visión pesimista de lo que comúnmente se define como el progreso?
- En absoluto, yo no soy pesimista. No pasará nada. Por la simple razón que el hombre es bueno para nada, incluso incapaz de destruirse. Una calamidad total promovida por el hombre, personalmente yo encontraría eso maravilloso. La prueba que finalmente él hubiera tenido éxito en fabricar algo con sus manos, con su cabeza, sin intervención divina, natural u otra.
Todas esas bellas bacterias bien alimentadas se pasean en el mundo, como los saltamontes bíblicos, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no pasará. La ciencia tiene su buena crisis de responsabilidad. Todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo he dicho, lo real irá ganando como siempre, y nosotros estaremos perdidos como siempre.
- Otra de las paradojas de Jacques Lacan. Se le reprocha no solamente la dificultad del lenguaje y la oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas lingüísticas, los retruécanos a la francesa, y precisamente las paradojas. El que escucha o quien lee tiene el derecho de sentirse desorientado.
- Yo no agrado del todo, digo cosas muy serias. Salvo que yo utilice las palabras, como los científicos utilizan sus alambiques y sus artilugios electrónicos. Yo busco siempre remitirme a la experiencia del psicoanálisis.
- Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre medio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que se ve con el ojo desnudo, se toca…
- En primer lugar, saquemos este hombre medio que para comenzar no existe, es solamente una ficción estadística, existen individuos y es todo. Cuando yo escucho hablar del hombre de la calle, de sondeos, de fenómenos de masa o de cosas parecidas, pienso en todos los pacientes que he visto pasar sobre el diván de mi consultorio en cuarenta años de escucha. No hay uno, quien sea de alguna manera parecido al otro, ni uno con las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de contar, el mismo miedo de no comprender. El hombre medio ¿quién es? ¿yo, usted, mi portero, el presidente de la República?
- Nosotros hablamos de lo real, del mundo que todos nosotros vemos…
- Precisamente. La diferencia entre lo real, a saber lo que no va, y lo simbólico y lo imaginario, a saber la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no es, basta pensar en todas las cosas banales que una infinidad de personas estúpidas creen ser el mundo. Y yo invito, a los amigos de Panorama, antes de acusarme de paradojal, a reflexionar acerca de lo que ellos acaban de leer.
- Cada vez más pesimista, se diría…
- Eso no es verdad. Yo no me ubico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Cuidado si un psicoanalista no ha superado su estado de angustia. Es verdad, hay alrededor nuestro, cosas horripilantes y devoradoras como la televisión, por las cuales la mayoría de nosotros se encuentra regularmente fagocitada. Pero es solamente porque las personas se dejan fagocitar, ellos llegan a inventarse un interés por lo que ven.
Después, hay otros artilugios monstruosos también devoradores, los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo del mar, etc.,… todas cosas que devoran, pero no hay por qué hacer un drama. Yo estoy seguro que cuando nos cansemos de tantos cohetes, de la televisión y de todas sus malditas investigaciones vacías, encontraremos otras cosas para ocuparnos. Hay una reviviscencia de la religión, ¿no?; ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión, un mercado continuo, para divertirse durante siglos como ya ha sido demostrado?
Mi respuesta a todo esto es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. El solo real concebible al cual nosotros tendríamos acceso es precisamente este, será necesario inventarse una razón. Dar un sentido a las cosas como se diría. De otro modo, el hombre no tendría angustia. Freud no habría devenido célebre y yo sería profesor de colegio.
- Las angustias: ¿son siempre de este tipo o bien hay angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a ciertas etapas históricas, a ciertas latitudes?
- La angustia del científico que tiene miedo de sus propios descubrimientos puede parecer reciente, pero qué sabemos nosotros de lo que ha pasado en otras épocas, de los dramas de otros investigadores? La angustia del obrero remachado a la cadena de montaje como al remo de una galera, es la angustia de hoy en día. ¿O simplemente está ligada a las definiciones y a las palabras de hoy?
- ¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis?
- Algo que se sitúa en el exterior de nuestro cuerpo, un temor, un temor de nada que el cuerpo, pueda motivar. En suma, el miedo al miedo. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel donde nosotros los percibimos, tienen algo que ver con el sexo.
Freud decía que la sexualidad, para el animal parlante que llamamos hombre, no tiene remedio ni esperanza. Uno de los deberes del analista es encontrar en las palabras del paciente el lazo entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.
- Ahora que se pone al sexo en todas las salsas, sexo en el cine, sexo en el teatro, en la televisión, en los diarios, en las canciones, en la playa, uno escucha decir que las personas están menos angustiadas por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo no da más miedo…
- La sexomanía galopante es solamente un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa seria que mira, repito, una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe un psicoanálisis colectivo, como no existen angustias o neurosis de masa.
Que el sexo sea puesto al orden del día y expuesto en todas las esquinas de las calles, tratado de la misma manera que cualquier detersivo en los carruseles televisivos, no constituye absolutamente una promesa de algún beneficio. No digo que esté mal. Por supuesto, esto no sirve para curar las angustias y los problemas singulares. Esto es parte de la moda, de esta falsa liberación que nos ha sido provista por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve al nivel del psicoanálisis.
________________________________________
[1] Revista Tel quel, publicación de difusión en Francia.
[2] Epígono: Término que señala “El que sigue las huellas de otro. Se dio esta denominación a los hijos de los siete héroes que en la guerra contra Tebas perecieron al mando del rey Adrasto de Argos y fueron vengados por aquellos diez años después.†Agrega el diccionario: “Seguidor de una escuela o estilo anterior.â€. Gran Enciclopedia Universal Tomo 14 página 4278. (2005).
[3] Se respeta como se presenta en la versión original, debido a las connotaciones teórico-clínicas que implica dicho significante en la enseñanza lacaniana.

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Entrevista a Jacques Lacan

Arquivado em: Lacan, Psicanalise — admin @ 4:24 pm

Autor: Paolo Caruso¹
Fonte: http://psicanalises.blogspot.com/2006_04_01_archive.html#114509915391561070

Cette interview en espagnol par Paolo Caruso est parue sous le titre Conversaciones con Lévi-Strauss, Foucault y Lacan, à Milano, U. Murcia & C, 1969 et à Barcelona, Ed. Anagrana, 1969 (?).

(95)Antes que nada, quisiera que me precisara el sentido de este «retorno a Freud», sobre el que usted tanto insiste.

Mi «retorno a Freud» significa simplemente que los lectores se preocupen por saber qué es lo que Freud quiere decir, y la primera condición para ello es que lo lean con seriedad. Y no basta, porque como una buena parte de la educación secundaria y superior consiste en impedir que la gente sepa leer, es necesario todo un proceso educativo que permita aprender a leer de nuevo un texto. Hay que reconocerlo, antes no se sabía hacer otra cosa, pero al menos se hacía bien; en cambio, actualmente tampoco podemos decir que sabemos hacer otras cosas, aunque estamos convencidos de ello; no basta con hablar de método experimental para saberlo practicar. Sentado esto, saber leer un texto y comprender lo que quiere decir, darse cuenta de qué «modo» está escrito (en sentido musical), en qué registro, implica muchas otras cosas, y sobre todo, penetrar en la lógica interna del texto en cuestión. Se trata de un género de crítica que no soy el único que la practica de una manera específica ; basta abrir un libro de Lévi-Strauss para darse cuenta de ello. La mejor manera de practicar la crítica sobre textos metodológicos o sistemáticos es la de aplicar al texto en cuestión el método crítico que él mismo preconiza.

(96)Así, al aplicar la crítica freudiana a los textos de Freud, se llegan a descubrir muchas cosas.

¿Existe algún punto en el que se sienta usted alejado de Freud? Por ejemplo, al hojear su libro «Écrits», que acaba de aparecer, he visto un ensayo que se titula Más allá del principio de realidad, que es una paráfrasis del Más allá del principio del placer freudiano; esta paráfrasis, ¿tiene un matiz polémico o es solamente una declaración de fidelidad ?

No. No tiene ningún matiz polémico; ¡cuando lea el artículo podrá ver! que en él no hay nada de extra-freudiano y la paráfrasis precisamente quiere poner esto de relieve. Másallá del principio de realidad quiere decir que lo que Freud llama «principio de realidad» se ha entendido simplemente como «realidad»: todo el mundo sabe lo qué es la realidad, la realidad es la realidad… Pues bien, no es así. Fijándose mejor, cuando se lee a Freud se descubre que el «principio de realidad», formando pareja con el «principio del placer», no significa de una manera simple el principio que aconseja adaptarse, por ejemplo.

En todo caso, usted no quiere ser sólo un intérprete, un exégeta de Freud.

Si sólo lo soy o no, son los demás los que deben juzgarlo. A mí, esto me basta.

Leer su libro es una empresa muy ardua. Incluso los lectores muy preparados reconocen que algunas partes son indescifrables. ¿Cómo explica usted que su estilo resulte tan elíptico?

Es indispensable destacar que en las líneas que abren mi collección de escritos, empiezo por hablar de estilo, utilizando el slogan de «el estilo esel hombre». Es evidente que no puedo contentarme con esta fórmula, que se ha convertido en un lugar (97)común apenas ha sido inventada. Referida a un determinado contexto de Buffon adquiere un sentido distinto. En aquel breve texto preliminar ya doy una indicación elíptica de lo que quiere decir «función del estilo jádico», estilo que precisa de la relación de toda estructuración del sujeto en torno a determinado objeto, que después es loque se pierde subjetivamente en la operación, por el hecho mismo de la aparición del significante. A este objeto que se pierde lo llamo objeto en minúscula y en la praxis analítica interviene estructuralmente de una manera avasallante, porque un analista no puede dejar de dar una importancia «primaria» a lo que se llama la relación de objeto. Para dar una ilustración a quienes no hubieren oído hablar nunca de esto, podemos referirnos a un «objeto», el seno materno, que todo el mundo conoce, al menos vagamente, por su sentido, por lo que tiene de mórbido la misma utilización de la palabra «seno»; el seno hinchado, turgente, lleno de leche, al constituir un signo fantasmático, se valoriza más o menos eróticamente; y en cambio, por otra parte, esta valorización erótica del seno resulta bastante misteriosa, puesto que no se trata del seno materno sino del seno en sí mismo; y digo que es «misteriosa» porque es un órgano que, después de todo, en su estética es poco aferrable para asumir un valor erótico particular. El análisis ha aclarado todo esto, al referirlo a algunas fases del desarrollo, al valor privilegiado que aquel objeto pudo adquirir para el sujeto en su fase infantil. Pero si nos referimos a otros objetos igualmente conocidos aunque menos agradables, todo el análisis de la estructura, es decir, de las constantes significantes en cuya base se encuentra la función (que es secundaria respecto a la estructura), todas las incidencias múltiples, repetitivas, que determinan que se recurra continuamente a este objeto, demuestran claramente que no se puede explicar en modo alguno su presencia verdaderamente dominante en la estructura subjetiva, atribuyéndole solamente un valor vinculado a la génesis. Hablar de fijación, como se hace en algunos sectores particularmente retrógrados del psicoanálisis, ya no es satisfactorio, porque se ha llegado a constatar que, (98)sea cual fuere la importancia teórica que se atribuye a este concepto, según interesen más o menos las formulaciones teóricas (incluso en el caso de estar muy alejado de mi formulación teórica particular, que es calificada de estructuralista), la relación del objeto revela un valor tan prevalente, en forma consciente o inconsciente, que llega a demostrar la necesidad de este objeto. El cual, sin duda no es un objeto como los otros y la dialéctica de la objetivación y de la objetividad, aunque siempre ha estado vinculada a la evolución del pensamiento filosófico, por sí sola no basta para explicarlo. En cierto modo, este objeto esencialmente es un objeto perdido. Y no sólo mi estilo en particular, sino todos los estilos que se lean manifestado en el curso de la historia con la etiqueta de un determinado manierismo – como lo ha teorizado de una manera eminente Góngora, por ejemplo –son una manera de recoger este objeto, en cuanto estructura al sujeto que lo motiva y lo justifica. Naturalmente, en el plano literario, esto exigiría unos desarrollos enormes que nadie ha intentado todavía; pero en el momento en que suministro la fórmula más avanzada de lo que justifica determinado estilo, a la vez declaro su necesidad ante un auditorio particular, el auditorio de los analistas. Yo he promovido sistemáticamente algunas fórmulas de estilo propio, para no eludir al objeto; o, más exactamente, me siento más a gusto en ellas, para dirigirme, a nivel de la comunicación escrita, al público que me interesa, el de los analistas. Esta simple nota basta para destacar que no se trata de eludir una cosa, que en nuestro caso específico es el complejo o sea, en último análisis, una carencia; en todo caso, la elipsis no es el meollo de este estilo sino otra cosa a la que nos introduce el término «manierismo» que he usado antes; en este estilo hay otras cosas –otros modos independientes de la elipsis – y por otra parte, yo no tengo nada de elíptico, aunque no hay estilo que no imponga la elipsis, ya que verdaderamente es imposible describir nada sin elipsis. La pretensión de que «todo quede escrito», si fuera realizable daría lugar a una ininteligibilidad absoluta. Por ello, esta especie de reconocimiento que hago de la (99)relativa díficultad de mi estilo, no la subrayo demasiado, ya que la experiencia me demuestra que, dado que no he conseguido formar (y el término es exacto) a un auditorio, que en cualquier caso será un auditorio de practicantes, en la medida en que no los he formado aún para la comprensión de unas categorías que no son usuales, mis artículos pueden parecer oscuros a primera vista. Además, los primeros artículos que figuran en este libro, aun cuando en el momento de su primera publicación en revistas podían parecer oscuros, en general, unos años más tarde no sólo resultaban comprensibles para todo el mundo, sino incluso de fácil comprensión; y se puede observar que en el fondo, contienen alguna cosa que se transmite a nivel del estilo. Para mí esto es una confirmación. Le he dado una respuesta difícil, pero no veo el motivo para darle otra, ya que ésta es exacta.

Según usted, ¿qué relación hay entre la relación de objeto y las relaciones entre sujetos (o intersubjetivas)?

Evidentemente, aquel objeto particular que llamo objeto a minúscula no adquiere su incidencia en la intersubjetividad sino a nivel de lo que se puede llamar la «estructura del sujeto», teniendo presente que el término sujeto se articula y precisa por medio de determinados nexos formalizables según los cuales, en su origen el sujeto es efecto del significante. Es la incidencia del significante la que constituye el sujeto, al menos el sujeto definido, articulado en la incidencia en la que se interesa, es decir, el sujeto que nos es necesario para dar lugar a la realidad. Porque es el orden el que determina el inconsciente. En la medida en que precisamos de un sujeto que no nos lleve a metáforas banales ni a franjas de error para definir al inconsciente, esta estructuración del sujeto nos obliga, por así decirlo, a no considerarlo cortado de la misma «tela» que el objeto aminúscula. «Tela» es un término que hay que entender literalmente. Por principio nos referimos aquí a algo que nos ha inducido a construir en estos últimos años una topología. Por lo tanto, la relación del objeto no (100)se coloca a nivel de la intersubjetividad en cuanto ésta, por ejemplo, queda implicada en la dimensión de la «reciprocidad» (en la psicología de Piaget la intersubjetividad es absolutamente fundamental y trascendental). Ha sido preciso comenzar por determinar la clase de forma, de modelo burdo, en que se articulaba el pensamiento de «los analistas médicos» (que son gente, puedo afirmarlo, «a quienes faltan muchas dimensiones de cultura»). En el período de entreguerra se introdujo la noción de intersubjetividad, como una especie de barrera de humo, o como un puente hacia lo que es un problema de otra especie, para quienes se hayan tomado la molestia de leer a Freud: el de la estructura intrasubjetiva. Pero precisamente el término, en cuanto contrapone inter e intra, nos puede conducir a un camino sin salida, a identificaciones aproximativas; por ejemplo, a considerar estructuras como las que introdujo Freud con tanta precisión de matices y con tanta finura, que son las que nos proponemos elaborar, considerar como el ego, el ideal del ego, el super-ego, como unidades autónomas funcionando dentro de quién sabe qué sistema, quizás de un «ámbito común» no mejor identificado (y que convendría llamar «sujeto»). Y hoy vemos quienes, con este motivo, creen que hacen progresar el psicoanálisis, llamándolas, según el contexto anglosajón, self. Es preciso promover estructuras infinitamente más complejas, que permitan dar cuenta del resultado del análisis. Como fuere, no podrían en modo alguno fundamentarse en el concepto de «totalidad» que algunos autores, y autores célebres y aun ingeniosos en el campo analítico, han promovido para dar pruebas de no sé qué clase de apertura mental, o para poner à la page, a la moda, unas ideas que en campo fenomenológico están más o menos en el aire. En realidad, (no hay nada tan contrario a la experiencia específicamente analítica), y a la vez tan apto para ocultar su verdadera originalidad. En una palabra, la relación de objeto se sitúa, no en el plano intersubjetivo, sino en el de las estructuras subjetivas, que en todo caso serían las que nos conducirían a las cuestiones de la intersubjetividad.

(101)Al hablar de relaciones intersubjetivas me refería, más que a Piaget, a la tercera parte de L’Être et le Néant de Sartre (que usted cita en un ensayo de su libro). Es decir, que me refería sobre todo al sentido de «dialéctica existencial» y de «mirada objetivante».

Como ya he podido señalar al tratar del término intersubjetividad, en lo que se refiere a la estructuración subjetiva se podría articular en forma bastante precisa lo que separa mi «formalización» de la «formalización» del juego de las conciencias de Sartre (aunque él probablemente no aceptaría el termino «formalización»). He indicado que aquel texto sartriano es extraordinariamente rico de síntesis muy brillantes y sugestivas, por ejemplo, de lo «vivido» en la relación sádica, y en general, de determinado tipo de relaciones calificadas de «perversas». Desde el punto de vista clínico, sería muy fácil demostrar que todo esto es sencillamente falso, porque no basta con hacer una especie de producto sintético, una síntesis artificial de algo sobre lo que se tienen datos de comprensión recogidos no se sabe dónde, sin duda de una introspección propia; no basta, decía, con reconstruir correctamente la estructura. Por ejemplo, aquella forma de viscosidad, a nivel de algunas intencionalidades corruptas de que habla Sartre, no forma parte, en modo alguno, de lo que se puede observar en los auténticos sádicos.

En una palabra, es literatura.

Una literatura muy seductiva, estimulante, extraordinaria y que en verdad sirve para sugerir la exigencia de su control; es decir, es una especie de iniciación, una experiencia ejemplar.

Pero cuando se controla se descubre que es falsa.

Sí, y para que se pueda explicar precisa una estructuración muy distinta.

(102)¿Su reproche se limita a L’Être et le Néant, o cree usted que se puede extender de una manera general a la impostación fenomenológica del problema?

Vea usted, yo no debo hacer ningún reproche global a la fenomenología; la fenomenología puede ser muy útil según a lo que se aplique. Por otra parte, se puede decir que hay tantas fenomenologías como fenemenólogos. Pero ahora me refería a la fenomenología que se perfila en algunos capítulos de L’Être et le Néant, y en los que Sartre pretende captar una experiencia vivida, como ejemplo de erotismo perverso. El resultado tiene una gran calidad y por sí solo ya justifica el que se deba recurrir a una formalización que no se limite al registro de la intersubjetividad de L’Être et le Néant.

Usted se ha referido a la relación que nos liga al seno materno, relación que ha sido analizada por Melanie Klein y sus discípulos. ¿Qué juicio le merece esta escuela post-freudiana? ¿Qué sentido tiene su «retorno a Freud», teniendo en cuenta que usted no rechaza en bloque las sucesivas aportaciones a las formulaciones freudianas?

Refiriéndonos a Melanie Klein no podemos hablar de ningún modo de psicoanálisis post-freudiano, a no ser que demos al prefijo «post» un sentido meramente cronológico. «Post-freudiano» quiere decir que se ha llegado a una etapa ulterior, de la misma manera que se habla de una época post-revolucionaria (que nadie ha visto aún). Se puede decir: la revolución ha terminado y los problemas que se plantean son de otra índole; pero estamos muy lejos de esta situación. Melanie Klein se mantiene en el surco de la experiencia freudiana y el hecho de que sostuviera polémicas con Anna Freud no quiere decir que no fuera freudiana, y casi más freudiana que la otra. En sí, el psicoanálisis del niño es un campo que presenta dificultades de relación muy especiales respecto al psicoanálisis freudiano. Podríamos (103)decir que el anna-freudismo viene a ser la introducción masiva de una estructura pedagógica dentro de la experiencia específicamente analítica, en cambio Melanie Klein conserva la pureza de tal experiencia, en el mismo nivel del psicoanálisis infantil.

¿Utiliza usted e1 término «pedagógico» en sentido ético-formativo?

Propiamente no, sino más bien en el sentido de una investigación que tienda a fundamentos, a técnicas, a procedimientos que tengan una finalidad normativa, que hagan pasar la experiencia vivida del niño por una serie de fases típicamente educativas. Estas finalidades estructuran la experiencia directa de Anna Freud. Melanie Klein mantiene en el niño la pureza de la experiencia y centra su investigación en el descubrimiento, en el sondeo y en la manipulación del fantasma. Es indudable que ha hecho verdaderos descubrimientos, que pueden llamarse post-freudianos en el sentido de que se han añadido a las experiencias de Freud. Pero, por otra parte, también es indudable que los ha expresado en términos que teóricamente son atacables, porque en cierto sentido resultan demasiado adheridos a su empirismo y no pueden asumir toda su situación exacta. Así, por la manera en que Melanie Klein teoriza la función del fantasma en sus etapas primitivas, por todo lo que se refiere al cuerpo de la madre y a la inclusión precoz del Edipo como tal entre los fantasmas del recién nacido, lo único que se puede decir es que se trata de teorías tan insostenibles que llegan a inspirar respeto. Quiero decir que resulta admirable que estos fenómenos la obliguen a forjar teorías impensables y que ella acepte forjarlas, ya que en definitiva, las teorías se han de someter a los hechos. Desde luego, más adelante las teorías se hacen más inteligibles y convincentes, por la intervención del que teoriza. Pero ante todo es preciso registrar, como lo hace Melanie Klein, el dato observado, aunque a nivel del empirismo «un dato no se define por sí mismo» (esto nos llevaría lelos). En otros términos, los frutos de la (104)experiencia de Melanie Klein y de su escuela se quedan en resultado alcanzado.

En todo caso, un resultado freudiano.

Ciertamente. Y perfectamente integrable en términos freudianos. Aunque yo no me he dedicado a él de una manera especial.

Y en el psicoanálisis post-freudiano, ¿ve usted aportaciones sin ser de Freud?

Muchas. Por ejemplo, el psicoanálisis aplicado a las perversiones. Quiero decir que la verdadera estructura de las perversiones como a tales se ha de considerar post-freudiana. Algunos fenómenos muy elaborados, como la función del objeto transicional descubierta por Winnicott, son elementos absolutamente positivos que han sido introducidos en la experiencia y que tienen una función muy precisa en la teoría. Además, hay una gran afición a investigar el psicoanálisis de la psicosis, que sin duda es post-freudiana. Pero vamos comprobando que estas investigaciones resultan más eficaces cuando se les aplican instrumentos propiamente freudianos.

Por otra parte, con su «retorno a Freud», usted pone en guardia implícitamente contra autores, libros, teorías que, según usted, corrompen el sentido originario del freudismo.

Podría poner muchos ejemplos.

Cíteme algunos.

Como se sabe, la mayor parte de lanzas las he roto contra los círculos dirigentes de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, que después de la guerra me han colocado en una situación muy (105)especial. Mi oposición es categórica, agresiva, y se acentúa ante una teoría y una práctica totalmente centradas en las doctrinas llamadas «del Ego autónomo», que dan a la función del Ego el carácter de una «esfera sin conflictos», como se le llama. Este Ego, en substancia viene a ser el Ego de siempre, el Ego de la psicología general, y en consecuencia, nada de lo que pueda discutirse o resolverse sobre él es freudiano. Simplemente, es una manera subrepticia y autoritaria, no de incluir el psicoanálisis en la psicología general como pretenden, sino de llevar la psicología general al terreno del psicoanálisis, y en definitiva de hacer perder a éste toda su especifidad. Aquí me veo obligado a hacer un resumen poco preciso. No puedo insistir sobre lo que representa el grupo de Nueva York, constituido por personajes que provienen directamente del ambiente alemán –Heinz Hartmann, Loewenstein, Ernest Kris (que ha muerto)– los cuales, por así decirlo, se han aprovechado de la gran diáspora nazi para imponer en América, con toda la autoridad que derivaba del hecho de proceder de aquel lugar benemérito, una cosa absolutamente adecuada a una sociedad que, en este aspecto, estaba esperando que los Magos la intimidaran. Para sus teorizaciones encontraron incluso excesivas facilidades, surcos demasiado trazados por una tradición, para no extraer beneficios extraordinarios de carácter personal. En una palabra, se trata de una traición muy clara a lo que continúan siendo los descubrimientos peculiares de Freud.

Pero cuando se habla de psicoanálisis en América, los no especialistas piensan sobre todo en otros exponentes. Por ejemplo, en Marcuse y en Norman Brown.

Marcuse es una personalidad cultural muy simpática e ingeniosa. Sin tener una auténtica autoridad científica, basada en una experiencia psicoanalítica personal, ha tenido la audacia de imaginar y de someter a juicio las prácticas e incluso los principios de nuestra sociedad a nivel, por así decirlo, de un oros más (106)sano. Es preciso reconocer que sus doctrinas no tienen una gran importancia desde el punto de vista especulativo. Es cierto que siguiendo esta dirección ha podido desarrollar análisis particulares y proponer perspectivas iluminadoras, para explicar algunos aspectos de nuestra práctica social, en especial en el campo de las costumbres, y con cierta dosificación cuando aborda el problema del erotismo. Son teorías muy interesantes en el aspecto descriptivo, pero que no conducen ni a un análisis estructural auténtico ni a ningún resultado utilizable en la transformación de algunos aspectos de nuestra civilización.

Nuestra civilización parece cada vez más condicionada por una serie de procesos inertes, y además por cierto tono difundido, por así decirlo, gracias a una especie de economía del erotismo; elementos regidos por leyes que están muy lejos de poder ser individualizadas por medio de simples especulaciones teóricas.

¿Cree usted entonces que el intento de aplicar el psicoanálisis a la civilización y a la historia (y a la antropología, siguiendo las huellas de Géza Roheim) está destinado al fracaso?

No, pero sería conveniente examinar las cosas a nivel más radical, aunque sólo fuera para entender el sentido en que se puede ejercer un control de cualquier especie de los fenómenos, en el plano de la colectividad.

¿Y basándose en Totem y tabú y en Moisés y la religión monoteísta, usted ve la posibilidad de aplicar el freudismo sin que sea una pura elucubración teórica?

Es muy posible, pero no de una manera inmediata.

Y, ¿qué piensa de Norman Brown?

Brown es un buen ejemplo de cómo puede hacerse una obra perfectamente aireada, sana, eficaz, inteligente, reveladora, con (107)la sola condición de que un ingenio no prevenido (en efecto, Brown no se había ocupado nunca de estos temas) se tome la molestia de leer a Freud, de la misma manera que se leen otras cosas cuando no se está cretinizado previamente por mixtificaciones de baja vulgarizacion. Por ejemplo, hay gente que habla de Darwin sin haberlo leído nunca: lo que comúnmente se llama «darwinismo» es un tejido de imbecilidades, en el que no se puede decir que las frases que se citan no hayan sido extraídas de Darwin, pero que no son más que unas cuantas frases cosidas, con las que se pretende resolver todo, y en las que se describe la vida como una gran lucha y en la que todo funciona con el predominio del más fuerte. Basta abrir a Darwin para darse cuenta de que las cosas son algo más complicadas. De la misma manera que hay una lectura de Freud, la que se enseña en los institutos de psicoanálisis, que impide leer a Freud con cierta garantía de autenticidad. Y entretanto, un recién llegado, que obtiene una beca de estudios de la W.W.L. para que escriba algo sobre Freud –desde luego, alguien que no sea un estúpido – de repente escribe un libro revelador. «Esto es lo que significa Brown. Esto y nada más».

En sus Écrits figura un importante ensayo dedicado al «tiempo lógico»; y en general, el problema del tiempo es un tema clave de sus investigaciones. ¿Podría usted resumir los términos del planteamiento?

Todavía estoy muy lejos de poder abordarlo con toda la amplitud de implicationes con que podré hacerlo en el futuro. El tema del tiempo me toca muy de cerca, en primer lugar, porque como todo el mundo sabe, yo hago un uso muy variable de la referencia temporal. Por ejemplo, yo no me someto al standard temporal que suele utilizarse de una manera estereotipada en la práctica psicoanalítica.

¿En qué sentido?

(108)En el sentido cronológico y terapéutico. Quiero decir que los psicoanalistas suelen hacer durar las sesiones unos 45 minutos, y después se paran. El hecho de que la mayor parte de los analistas sigan este criterio, como una referencia básica sobre la que se debe trabajar, sin que exista posibilidad alguna de discutirla, es un fenómeno muy curioso. Yo creo que el analista, por el contrario, ha de conservar su libertad, entre otras cosas, para utilizar una sesión breve o prolongada según le convenga.

Es decir, de cinco minutos a tres horas.

Sí. Es él quien debe decidir el por qué. Aun cuando se han aducido muchos argumentos sobre esta cuestión, resulta increíble, exorbitante, que sea preciso ofrecer pruebas concluyentes. En todo caso, deberían ser los que creen, Dios sabe por qué, que el standard ha de ser de 45 minutos, invariable y obligatorio, los que deberían justificar esta invariabilidad. Y en cambio, no se han podido dar explicaciones distintas del «todos lo hacen así». Esta costumbre fue copiada, transcrita de Freud quien, no obstante, cuando la transmitió tuvo mucho cuidado en señalar sus reservas diciendo, poco más o menos: «yo lo hago así porque me resulta cómodo y si otro quiere seguir un criterio más cómodo para él, puede hacerlo tranquilamente». Desde luego, ésta no es la manera de debatir la cuestión, porque decir «lo hago así porque me resulta cómodo» no es ningún argumento. Freud dejó el problema sin solución. Sobre la «dosificación» del tiempo está todo por decir.

Pero evidentemente, cuando usted me formulaba su pregunta no pensaba en este «tiempo». Sólo he querido referirme a este punto porque para mí es muy grave y no veo la razón de evitarlo. Y con mayor razón porque nadie lo afronta, como si tuvieran miedo de quedarse sin un terreno sólido en el que apoyarse en la práctica. Me sabe mal dejarlo porque podría explicar muchas cosas. Pero tampoco puedo evitar de insistir sobre ello porque en muchas ocasiones, cuando no se me ha podido atacar (109)respecto a la doctrina, me han atacado en este terreno. En realidad, da lo mismo que lo haga así o de otra manera; como en cualquier caso los demás también lo harán a su manera, ¿qué puede importarles que yo utilice esta práctica? Es tan cierto esto que algunas personas que yo he formado según este criterio han sido recibidas con los brazos abiertos en la Sociedad Psicoanalítica Internacional, con la única condición de que votaran contra mí en determinada circunstancia. Esto ha bastado como autorización total.

Volviendo a la pregunta de antes…

Es cierto que existe un tiempo que no es el de la inercia psicológica, o de la transmisión nerviosa, sino el tiempo de la transmisión intelectual; ahora, mientras hablo, usted emplea cierto tiempo para darse cuenta de lo que le digo, aunque es difícil medirlo. Pero no es éste tampoco el tiempo que le interesa…

Al contrario, me interesa muchísimo.

Sí, es muy interesante, pero tampoco es el tiempo «analítico». Mejor dicho, es analítico en el sentido de que, cuando levanto un vaso, por ejemplo, noto su peso: en este sentido todo lo es. En cambio, basándose en las funciones del inconsciente el tiempo específicamente estructural está constituido por el elemento de «repetición». Justamente ahora se comienza a explorar si se trata de una temporalidad ligada esencialmente a la constitución como tal, a la llamada «cadena significante». Estamos en el plano del ritmo, de la cadencia, de la interpunción, de los grupos temporales en los que se pueden hacer distinciones propiamente topológicas –de grupos abiertos y grupos cerrados, por ejemplo. Lo que una frase es en sí, lo que comporta la unidad esencial de la frase por el hecho de ser un ciclo cerrado y como consecuencia, un cumplimiento posterior con efectos de carácter retroactivo, todos éstos son temas que apunto continuamente en la dialéctica (110)que desarrollo, pero que aún no he aislado como problemas autónomos en un capítulo dedicado al problema de la temporalidad; ni he creído que la mejor manera de exponerlos fuera «seriándolos» con base en categorías intuitivas, según los modos de la estética trascendentalista. He introducido una nueva dimensión en el tiempo lógico, la de la «precipitación identificadora», como cosa que en el fondo se autodetermina y que solamente puede actuarse en cierto modo que llamo del a-tiempo lógico. Mi contribución es muy original y entre los especialistas de lógica hubiera podido provocar un gran interés si éstos no trabajaran a un nivel «no saturado» como el que trabajan, dedicándose únicamente a la constitución de sistemas formales. Pero cuando se reintroduzca la noción de sujeto en cuanto implica la dimensión del sujeto freudiano en su reduplicación profunda y originaria, la división inaugurante que es la del sujeto como tal, solamente podrá ser establecida por la relación entre un significante y otro significante que es consecuencia retroactiva del primero; de hecho, el sujeto propiamente es lo que un significante representa para otro significante. Aquí radica, se inaugura el fundamento propio de la subjetividad, en la medida en que se puede deducir la necesidad de un inconsciente no transponible en cuanto a tal, de un inconsciente que no puede ser vivido de ninguna manera en el plano de la conciencia. Cuando estas cosas hayan sido teorizadas adecuadamente, es decir, cuando se haya puesto en evidencia la «estructura topológica», podremos establecer con mayor libertad las bases de una lógicapre-subjetiva, o sea de una lógica que surja en la frontera de la constitución del sujeto.

En términos sencillos, esta estructura, ¿es una verdad más acá del tiempo?

No. No creo que pueda ser interpretado así. Yo también creo que la verdad siempre está encarnada. El ámbito de la verdad y el del saber sólo comienzan a distinguirse cuando en verdad el verbo «se hace carne». La verdad es lo que resiste al saber.

(111)Por lo tanto, para usted la verdad no es una cosa que se sitúe en el tiempo.

No. Sólo puedo concebir un ámbito de la verdad en donde hay una cadena significante. Si falta un lugar en donde pueda manifestarse lo simbólico, nada se puede proponer como verdad. Es lo real, con toda su opacidad y con su carácter de imposible esencial, y sólo cuando entramos en el ámbito de lo simbólico puede abrirse una dimensión de cualquier clase. La verdad difícilmente puede ser calificada de dimensión porque en el fondo, todo lo que decimos es verdad en cuanto lo decimos como verdad; incluso en el caso de que haya cierto matiz de falsedad, no se trata propiamente de falsedad precisamente porque lo decimos como verdad; la verdad no tiene ninguna clase de especifidad.

¿Ni en el plano metodológico? Cuando usted introduce sus tres registros –simbólico, imaginario, real –, ¿no creé que corresponden a tres órdenes de la existencia?

Desde luego. Aunque creo que, con toda probabilidad, lo simbólico es perfectamente perceptible y aún está prefigurado en lo real. Sólo parto de aquellos tres registros porque me parece que es indispensable separarlos a nivel de la praxis analítica. Si a nivel de mi praxis analítica no se hacen distinciones entre lo que se refiere a lo simbólico, a lo imaginario y a lo real, inmediatamente se cae en todas las viejas ideas místicas, es decir, que lo simbólico es la naturaleza que se pone a cantar, que ya desde la época de las primeras amebas se esperaba el acontecimiento de que el hombre se convirtiera en pensamiento puro, en una palabra, los mitos que siempre están a punto para reintroducirse en nuestra experiencia analítica para hacerla ceder a la fascinación y a las seducciones de las metafísicas más usadas, que ya no es necesario combatir sino poner entre paréntesis, para analizar correctamente lo que sucede a nivel de nuestra praxis. A nivel de (112)nuestra praxis todo funciona en el orden simbólico, y podemos observar que de las palabras, sobre todo de las palabras dichas en aquellas condiciones, es imposible que surja nada verdadero; por lo cual, si surge algo de verdaderamente eficaz, manejar la palabra probablemente quiere decir agitar un registro importante, que normalmente no se maneja de una manera rigurosa, en una palabra, quiere decir que se hace intervenir todo lo que es más genuinamente originario, en el ámbito del lenguaje. Es cierto que el lenguaje es una cosa ya estructurada; a Sartre le gusta definirlo como lo práctico-inerte, ello forma parte de su filosofía, no veo inconveniente. Pero es extraordinariamente necesario subrayar que las estructuras fundamentales del lenguaje –las que se encuentran a nivel del análisis lingüístico más moderno, por ejemplo, las de la formalización lógica – vienen a ser coordenadas que permiten situar lo que sucede al nivel del inconsciente, es decir, permiten afirmar que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Y no se trata de una analogía, sino que quiero decir que su estructura es exactamente la misma del lenguaje. Por lo demás, esto resulta evidente para quienes se tomen la molestia de abrir una obra de Freud. Cuando realiza un análisis del inconsciente, a cualquier nivel, Freud siempre hace un análisis de tipo lingüístico. Freud había inventado la nueva lingüística antes de que ésta naciese. Usted me preguntaba en qué me distinguía de Freud: en esto, en el hecho de que yo conozco la lingüística. Él no la conocía, y por lo tanto no podía saber que lo que hacía era lingüística, y la única diferencia entre su posición y la mía estriba en el hecho de que yo, abriendo un libro suyo, en seguida puedo decir: esto es lingüística. Puedo decirlo porque la lingüística apareció pocos años después del psicoanálisis. Saussure la comenzó poco después de que Freud, en Lainterpretación de los sueños, hubiera escrito un verdadero tratado de lingüística. Esta es mi «distancia» de Freud.

¿Es por esta razón que en la conclusión al fragmento de (113)su Conferencia de Viena, que se publicó en la «Quinzaine», usted declaraba: «si queréis saber más, leed a Saussure»?

Exactamente. Pero tenga en cuenta que el fragmento que usted cita y ha leído en la «Quinzaine» no se puede separar de su contexto, como sucede con los libros sagrados. No fui yo quien separó aquel fragmento. Lo hicieron mientras estaba en América y lo dieron como pasto al público. Entendámonos, no es que me desagrade, porque creo que es un texto bien escrito. Pero no se puede separar de su contexto. Colóquelo usted de nuevo en «Choses freudiennes» y verá el sentido que adquiere.

Usted usa con frecuencia términos musicales, como «registro» y dice que el logos se ha de encarnar.

Un momento. Cuando hablamos de verdad a nivel psicoanalítico, no es a propósito del lenguaje sino de la verdad. En psicoanálisis, la verdad es el síntoma. En donde hay un síntoma, hay una verdad que se abre camino.

Pero donde hay síntoma, hay lenguaje.

Absolutamente de acuerdo. Pero por un momento he creído que usted me hablaba de la verdad como si yo me estuviera refiriendo a la Verdad…

No, no. Yo pensaba que lo que usted decía no hace mucho (y que es un tema central en todos sus escritos) de buscar una salida que no sea solamente una empiria, como en el caso de las investigaciones de Melanie Klein, y a la vez que no sea el logos separado de la empiria. Para poner un ejemplo, pensaba en la música, que es sonido y a la vez estructura, vía de salida, y a lo que se refería Kant con la noción de esquema trascendental.

(114)Si usted quiere… Así es, sin más. En otros términos, yo atiendo a los datos estructurales. Pero debo precisar que en el término «dato» ya hay el término estructura y que en cualquier campo científico los datos son tomados en consideración dentro del marco de una estructura: no hay datos en bruto. Un dato es algo que ya se recoge en el ámbito de una «falsilla» (como usted ha dicho: no rechazo este término, aunque no me resulta familiar).

Por lo tanto, ¿usted impostaría de esta manera las relaciones entre lo «vivido» y lo «lógico»?

Creo que la substancia de lo vivido es lo lógico y que este famoso «vivido», en el fondo es una noción… cómo decirlo…

¿Abstracta?

Bueno, hasta cierto punto, sí; se presta a toda clase de abusos.

¿En la medida en que usted se refiere a una cosa inefable, inexpresable en términos lógicos?

Yo estoy dispuesto a admitir lo inefable, vivimos en lo inefable. Pero si es inefable, no hablemos de ello. Tomemos como ejemplo el deseo –hay toda una dialéctica del deseo y de la demanda –, no importa que no pueda ser articulado a su nivel fenoménico, que es absolutamente vinculante: no hay nada tan insistente como el deseo. Se trata de saber para qué sirve. Yo llego hasta aquí: yo tengo una teoría que explica para qué sirve el deseo. Es una escalerilla que nos permite encaramarnos y superar los límites fijados por el principio del placer. Pero no basta que el deseo no sea inefable por naturaleza –y verdaderamente no es inefable desde el momento que no busca sino su propia teorización: se hacen miles de cosas para sugerir cuál es nuestro deseo –, digamos inarticulable en su especifidad para todos: el (115)hecho de que no sea articulable no implica que no esté articulado sino al contrario, está suspendido en articulaciones que surgen en otra parte, al nivel de la demanda.

Forma parte de un sistema.

Exactamente. Lo repito: el hecho de que no sea articulable no significa, como convencionalmente se cree, que no esté perfectamente articulado. Si no estuviera articulado no podríamos hacer nada con él. En tal caso sería adecuada la vieja noción de «tendencia». Esto demuestra y justifica con bases biológicas, la diversidad radical entre el deseo y lo que podríamos llamar «la vía del instinto» (si es que existe). Además, esto nos permite poner en duda, por efecto de una especie de retroacción, a nivel biológico, las pretendidas «funciones instintivas». Nadie se toma la molestia de discutirlas porque parece que han de existir, dado que funcionan. Pero éste no es un argumento válido: podrían «funcionar» por muchas otras razones.

Así, ¿cree usted que la dimensión del instinto es reducible?

No llego a tanto. Pero observo que si hacemos un estudio científico del comportamiento de los animales, es decir, si nos dedicamos a la etiología, llegaremos a instaurar categorías fundadas en correlaciones, precisas: por ejemplo, podemos suscitar una conducta gracias a ciertas reproducciones elementales que sirven de «anzuelo»: basta con agitar en el aire un trozo de tela que se parezca a la cabeza de un ave de presa, para que las gallinas se pongan a chillar y se escondan; de esta manera estudiamos la etiología animal. De esto a decir que existe un instinto de fuga ante el ave de presa no hay más que un paso. Es preciso aprender a poner en duda, no la naturaleza, sino el hecho de poder hablar de ello con una tranquila desenvoltura en el plano científico.

En este caso, ¿niega usted la existencia del «instinto»?

(116)Ya nadie cree que exista, en ningún campo científico, salvo algunos psicoanalistas particularmente retrógrados. Freud, por ejemplo, nunca habló de instintos. Siempre habló de impulsos. Le aconsejo que relea las páginas de Freud dedicadas a los impulsos: verá usted que se trata de una cosa tan poco «natural» como lo pueden ser los «collages» de los surrealistas. Quiero decir que los cuatro elementos que Freud distingue en los impulsos –fuente, empuje, objeto y fin – no pueden ser, más heteróclitos y heterogéneos entre sí. Se comprende ahora cuán grave ha sido traducir el término alemán «Trieb» por «instinto»: «Trieb» nunca ha significado instinto. Y no puede servir de pretexto decir que en lengua francesa no existen otros términos para traducirlo, salvo aquél tan disonante de «pulsión». En inglés han encontrado una cosa mejor, «drive» y en italiano (y en español) «impulso» es mejor que «pulsión». Pero ninguno de estos terminos llega a dar el sentido adecuado de «Trieb».

Volviendo al problema del tiempo, no sé si usted conoce las Investigaciones lógicas de Husserl. ¿Cree usted que este tipo de investigaciones no interesan?

Un poco.

Porque allí también se plantea.el problema del tiempo a nivel de la constitución.

De todas maneras, observe lo siguiente. Se podría decir y se ha dicho, y está escrito por la misma pluma de Freud, que el inconsciente no conoce el tiempo por cuanto su repetición y su insistencia en cierto sentido convierte «al deseo en indestructible» –y es la última frase de La interpretación de los sueños. Por lo tanto, lo inconsciente es algo que «insiste», que viene de las profundidades del pasado, que en cierto sentido nada puede satisfacer ni modificar: es un elemento completamente paradojal, que parece ir contra toda referencia biológica. La insistencia en la repetición inconsciente es una cosa que es preciso reelaborar (117)en las categorías del tiempo, que es distinto del simple fluido temporal y que quizás no permite dar al tiempo un valor tan radicalmente originario como en las Investigaciones lógicas de Husserl.

Yo no he dicho nunca que el tiempo sea inalienable. A este propósito, yo recurro con frecuencia y me resulta muy cómodo y práctico, a aquel articulito sobre el Tiempo lógico que usted ha observado entre mis Écrits (cuando lo lea se va a divertir); siempre me sirvo de él como de un utensilio rudimentario pero nuevo, que se aplica bastante bien a su función. Naturalmente, no pretendo haber hecho todas las construcciones necesarias. Si, como se suele decir, «Dios me da vida», me queda mucho por hacer, porque muchos puntos clave de mi teoría aún no están resueltos. Es cierto que la idea de sistema no me resulta extraña; sólo que no pretendo haber constituido un sistema cerrado, cosa que, por otra parte, no me habría permitido revivir el sentido de la experiencia freudiana. Y le he de confesar que el inconsciente del cual me debo ocupar como teórico también es el inconsciente encarnado de las resistencias de los psicoanalistas al inconsciente. De hecho, todas las evoluciones post-freudianas (en sentido cronológico) del psicoanálisis son la consecuencia de un gran rechazo del inconsciente.

En definitiva, ¿un fenómeno histórico-cultural?

Sí. Un fenómeno que me he visto obligado a afrontar, en especial en la fase que podríamos llamar del «descubrimiento del sujeto», que es tan esencial en nuestra ciencia que quizás no habría surgido nunca sin una correcta situación del sujeto. De la misma manera que el cogito cartesiano fue un momento esencial en el desarrollo de la ciencia, la fase del descubrimiento del sujeto, a otro nivel, de lo imaginario, la he calificado como «estadio del espejo». Para mí, estas referencias tienen un carácter biológico. Quiero decir que, si usted lee bien mi articulito, titulado precisamente Estadio del espejo, verá que el fundamento de la (118)captura a través de la imagen especular, a través de la imagen de lo semejante, y su carácter de cristalización captivante, lo que se llama la «cristalización narcisística del hombre», se encuentra en un hecho biológico, ligado a los hechos biológicos que Bolk describió como premaduración del nacimiento, como, por así decirlo, retraso, mantenimiento de la constitución anatómico-embrionaria, en el hombre vertebrado. La corteza cerebral es una corteza embrionaria, y en la anatomía del hombre es específica. El «estadio del espejo» se entiende en una acepción biológica.

Ahora que estamos en este terreno, ¿puede usted aclarar lo que entiende exactamente por «descentramiento del sujeto»?

Yo nunca he utilizado esta expresión. Como Freud, he hablado de Spaltung, de división del sujeto.

Pero al tratar de esta teoría, muchos la entienden como un «descentramiento» substancial. Por ejemplo, Sartre en la entrevista que concedió a la revista «Arc».

Ya lo sé. En realidad se trata de un «escindirse». Para enunciar estas teorías me he valido, como siempre, de mi experiencia clínica. No es preciso recurrir a Freud para darse cuenta del fenómeno por el cual un sujeto es capaz de tener dos auténticas series de defensas en un solo punto de importancia capital, de las cuales una deriva del hecho de admitir este punto como resuelto en cierto sentido y la otra serie, exactamente paralela a la primera, en sentido diametralmente opuesto. Cada serie tiene su proliferación propia. Esta experiencia es tan corriente que se puede decir que es la base misma de lo que hay de más fundamental en el hombre, la «creencia». La creencia siempre es, a la vez, no creer en algo. Esta «escisión» del sujeto, absolutamente esencial para él, está tan vinculada a nuestra experiencia cotidiana que quizás valdría la pena de promover una tipología que (119)la explicara. Es lo que intento hacer y he cristalizado en torno a ella todas mis referencias (por ejemplo, la que he llamado bandas de Moebius, permite explicar cosas muy interesantes). Hasta el punto de que me pregunto si no estoy llegando a la verdadera substancia del fenómeno.

¿Usted supone que ha sido sobre todo su concepción del sujeto la que ha suscitado tantas polémicas y tantas resistencias sobre su pensamiento? ¿Qué piensa usted de las controversias de las que ha sido protagonista?

Probablemente podrá decirse que la consistencia, y el retraso, de mis construcciones teóricas, está relacionada con los conflictos y con las luchas históricas que me he visto obligado a sostener. No me refiero aquí a Heinz Hartmann y a los demás, no voy a ser yo que voy a sacarles de sus sillones de Nueva York, tan confortables; no es éste el verdadero adversario «cultural» de mis teorías: son mis propios discípulos. Le aseguro que es con ellos con los que debo pelearme; no se imagina usted las reacciones personales que suscitan en ellos mis esfuerzos para conseguir que trabajen y entiendan algo; los problemas de este orden son los que prácticamente me absorben. Usted diría quizás que se trata de obstáculos «culturales», y en el fondo yo prefiero llamarlos «históricos», con la venia de Sartre, el cual se imagina… Oh, es increíble. En su entrevista publicada en «Arc» le preguntan: «En la actitud de la generación más joven respecto a usted, ¿ve alguna aspiración común?». Contestación: «Una tendencia general dominante (porque el fenómeno no es general) es la del rechazo de la historia». Pero, ¿es que la historia se identifica con Sartre? En mi libro se pueden hallar muchas observaciones sobre la historia. Yo soy un historicista más radical que muchos que se proclaman a sí mismos como tales, con la diferencia de que la Historia, la Gran Génesis pseudo-marxista que les sirve de guía y todas las tonterías de este género, me hacen reír. He vivido bastante para ver surgir cosas que nadie hubiera sido (120)capaz de imaginar, como por ejemplo, el nazismo. Cosas a las que los que se llaman a sí mismos cultivadores de la Historia, con toda su prosopopeya, con todo su «bagage», con todas sus «claves interpretativas», no han podido siquiera dar un principio de explicación. No me hable de la Historia divinizada. Si hay una Musa completamente periclitada, ésta es Clío.

¿Cuál es su posición respecto a las relaciones entre psicoanálisis y moral social? Entre sus Écrits hay un artículo de criminología (Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en la criminología) que creo que me permite plantear el problema.

Durante todo un año he dirigido in seminario dedicado a la Ética del psicoanálisis. Mediante la introducción de la experiencia psicoanalítica –del deseo inconsciente, por ejemplo – he intentado investigar los problemas éticos en términos nuevos respecto a las posiciones éticas tradicionales. Así, he podido enunciar algunas tesis, como la de la dimensión «entre dos muertes», completamente original, y en la que delineo formas de comportamiento irreductibles a la simple manipulación de la experiencia psicoanalítica. Basándome en la teoría que usted llamaba hace poco del «descentramiento del sujeto», he intentado hacer algo semejante a lo que hizo Aristóteles, con la misma seriedad: he intentado rehacer la ética siguiendo un procedimiento análogo (por experiencia) al de la Ética a Nicómaco. Sería un poco difícil presentarle un catálogo de lo que he hecho durante un año de lecciones. Puedo decirle que ha dado lugar a un volumen que, en su tiempo, ya fue aceptado por las Presses Universitaires de France. No lo dejé publicar, porque pensé que era prematuro: en opinión de algunos amigos, determinadas teorías que allí sostenía podían impedir mi ingreso en la Sociedad Psicoanalítica Internacional. El ingreso me fue vedado de todas maneras, pero por lo menos puedo decir que no fue por causa de aquella publicación. Tarde o temprano lo publicaré; quizás con retraso, pero usted ya sabe que tengo un criterio muy particular sobre el tiempo. «Mi vida, como la (121)de mucha gente que ha hecho algo, ha sido una larga y paciente espera». El texto de la Ética del psicoanálisis en realidad fue redactado por un alumno mío y es un resumen completo de mis cursos. No obstante, ya no corresponde exactamente a mis posiciones actuales y por lo tanto, espero que un día u otro tendré tiempo para escribirlo de nuevo. Con todo, esta Ética del psicoanálisis, que saldrá en fecha próxima, consiste en un seminario, como los que dirijo cada año, de unas treinta lecciones muy elaboradas, cada una de las cuales dura dos horas y cuyo contenido se transcribe integralmente por estenografía y es copiado a máquina: ya veremos qué reacciones suscitará. Evidentemente, puede interesar a un público bastante extenso, pero se desenvuelve en un plano rigurosamente psicoanalítico, por lo que, a fin de cuentas, sólo los psicoanalistas serán los depositarios de lo que pueda contener de verdad.

Según usted, ¿cuáles habrían de ser las principales consecuencias de una aplicación radical del psicoanálisis a la moral objetiva, a la moral social?

No he dicho nunca que se tratara de una moral social.

La llamo así para distinguirla de la moral de intenciones, del sentido de culpa, etc.

No creo que el psicoanálisis llegue a eliminar el sentido de culpa.

No, es cierto, pero no se trata de eso.

Pero quiero precisarlo, porque hay mucha gente que cree que el psicoanálisis va a liberar a la humanidad de la culpabilidad. La culpabilidad, querido amigo, es la principal protección contra la angustia. Y como para esto va muy bien, sería un verdadero error renunciar a ella.

(122)Pero, ¿cuáles van a ser los efectos lejanos de un psicoanálisis freudiano aplicado correctamente a la criminología?

En la pequeña relación que usted citaba antes he delineado las contradicciones actuales de la criminología. En gran parte se deben a las manipulaciones del delito, a través de las cuales se manifiesta la insuficiencia de las instituciones vigentes, que llegan al extremo de no saber reconocer la autonomía de la dimensión delictuosa. Al no saber juzgarlo, se confían al psiquiatra, a quien no corresponde juzgar, y por una especie de contrasentido permanente, acaban utilizando lo que el psiquiatra les dice. ¿Cómo lo utilizan? De la manera que les parece mejor. Así, cuando un «delito» les parece demasiado grande para no espantar a todo el mundo, condenan sin piedad, aunque el psiquiatra diga que se trata de un irresponsable (entre otras razones, porque siempre hay otros psiquiatras que declaren que es responsable). En otras palabras, de momento reina una arbitrariedad total. Y en el fondo, esto es lo que quería decir en mi reseña sobre la criminología.

Usted no pretende haber resuelto nada.

No. En absoluto. Me basta con señalar que existen problemas que impiden totalmente el mantenimiento de determinados límites aristotélicos. Incluso para la mentalidad común hay una serie de comportamientos que quedan excluidos del campo de la moral, por ejemplo, las perversiones más graves, las que pertenecen a la esfera de la «monstruosidad» o de la «bestialidad». Pero no se trata en absoluto de esto: incluso en las perversiones estamos condicionados por el hecho de ser individuos parlantes, lo que implica una extensión de la racionalidad, a pesar de todo. Y esto es lo que caracteriza de momento al psicoanálisis: extiende el campo de lo racional. Lo que no significa que se hayan resuelto todas las ecuaciones, sino solamente que existen ciertas perspectivas que es preciso tener en cuenta, valiéndose de los medios (123)fuertes, incluso en una humanidad que comience a darse cuenta de estas cosas. Dependen de factores ajenos a la racionalidad, que conciernen más bien al ámbito de las instituciones, o que afectan a elementos que tienden a considerarse como los más nobles y que en realidad son los más oscuros: por ejemplo, la preocupación por la autonomía personal, el estatuto personal. Cuanto más nos adentramos en este ámbito estructural particular, más tímidos nos volvemos. Puede estar seguro de que si se hace algo de revolucionario en este campo, no será a través del conocimiento psicoanalítico. El conocimiento psicoanalítico puede preparar el terreno, pero las transformaciones llegarán por otras vías, más inertes, es decir, que se producirán a través de las nuevas formas de «constreñirse» a que nos obligará el desarrollo de las ciencias. Si hay algo que puede forzar a modificar las costumbres, es el desarrollo de las ciencias. Cuando haya algunas cosas que no sólo serán transmitidas sino que se convertirán en fruición común a nivel de las cesas comunes –como ha sucedido con la televisión y con otros descubrimientos técnicos de esta especie; o como el hecho de que no pueda suceder nada en ningún rincón del mundo, que no se transmita inmediatamente a todo el resto – la necesaria reforma de las costumbres tendrá lugar a nivel de fenómenos como éstos. Pero esto no quiere decir que algunas viejas estructuras se replantearán, y que incluso pueden quedar vigorizadas. Veamos por ejemplo, lo que sucede en la Iglesia Católica. La vieja Iglesia Católica no creo que esté realmente muerta, y creo que sabrá servirse muy bien de algunas innovaciones, y quizás llegará a conseguir destacar algunos aspectos de su decrépita «sabiduría». Comprenda usted que yo trabajo en un campo pequeño, valiéndome de una praxis muy precisa, y viendo los efectos que produce sobre todo el mundo y en particular sobre los que la practican; he de establecer un determirado número de relaciones con un rigor parecido al de los sistemas lógicos. Aparentemente se trata de pequeños senderos que no nos pueden llevar muy lejos y que, en cambio, llevan más lejos de lo que se cree. El principio al que quiero someterme es el (124)que expresa la fórmula de Freud: «la voz de la razón es baja, pero dice siempre lo mismo». «Quizás parezca que me estoy divirtiendo haciendo filigranas, pero esto sólo es un expediente para despertar a la gente»: para nosotros los psicoanalistas, esta dimensión del despertar es absolutamente primaria, entre otras razones, porque nos lo enseña la experiencia. A fin de cuentas, incluso en el hombre que se cree más «racional», el síntoma tiene algo de tórpido, que nosotros hemos de transformar en un signo del despertar. Esto nos impone una extrema vigilancia y un trabajo constante.

NOTAS

1 – Fuente: École Lacanienne de Psychanalyse. Volta

junho 17, 2008

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Vídeo Mirror Stage 2

Arquivado em: Lacan, Psicanalise — Tags: — admin @ 5:47 pm

URL: http://br.youtube.com/watch?v=nirEK_137ZE
Comentários:Ray looking at himself on camera again. This is quite old footage but I can’t throw it away
Fonte: http://br.youtube.com/user/timtak1

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