Rolando GarcÃa – La EpistemologÃa Genética y los problemas fundamentales en la teorÃa del conocimiento
Autor: Rolando GarcÃa
TÃtulo: La EpistemologÃa Genética y los problemas fundamentales en la teorÃa del conocimiento
El objetivo de esta conferencia es presentar, de la manera más sencilla posible, la epistemologÃa genética como una teorÃa que intenta responder a los problemas más fundamentales todavÃa sin resolución en la teorÃa del conocimiento.
En la mayor parte de los casos, se ha considerado a la epistemologÃa genética sólo como una teorÃa interesada en algunos aspectos del desarrollo del pensamiento conceptual. Esto significarÃa que está vinculada con la psicologÃa infantil, con la teorÃa del aprendizaje, pero no con los problemas “reales” que se abordan en los libros de texto sobre la teorÃa del conocimiento. En la voluminosa literatura contemporánea sobre la filosofÃa de la ciencia, muy rara vez aparece la epistemiologÃa genética como una teorÃa amplia capaz de proporcionar un auténtico criterio alternativo sobre el fundamento del conocimiento cientÃfico. Esta es la razón que nos mueve a emprender el análisis de una parte de las teorÃas del conocimiento que han constituido el meollo de una polémica bastante intensa en la filosofÃa de la ciencia durante la mayor parte de este siglo.
Nuestro objetivo será mostrar cómo se articula la epistemologÃa genética en el análisis y cómo sus hallazgos descalifican de manera concluyente los criterios prevalecientes sobre el fundamento de la ciencia. A fin de cumplir este cometido, nos veremos obligados reseñar algunos problemas fundamentales que los filósofos de la ciencia intentaron resolver durante las primeras décadas de este siglo. Presentaremos una visión panorámica de las posiciones que han suministrado una especie de “versión oficial” sobre aquello en que consiste la ciencia. Les presento una excusa por referirme con demasiada brevedad y por consiguiente de manera muy superficial a un perÃodo denso y bien conocido en la historia contemporánea de los estudios sobre el fundamento de la ciencia.
Situaré de manera arbitraria el inicio de esta historia en las dos escuelas que se iniciaron en la década de los veinte: la escuela de BerlÃn, bajo la guÃa de Hans Reichenbach, y la escuela de Viena, con Schlick, Neurath, Carnap y otros. Hago esto por una sola razón, La mayor parte de la filosofÃa anglosajona de la ciencia es todavÃa, en su mayor parte, una consecuencia del tipo de discusiones que tuvieron su centro en estas dos escuelas, Estas dominaron la filosofÃa de la ciencia durante al menos dos o cuatro décadas, y en la actualidad están todavÃa vigentes, Si no de una manera explÃcita, porque en los Análisis filosóficos rara vez se encontrará en la actualidad alguien que mantenga estas posiciones tal como se expusieron inicialmente, sà en general de manera implÃcita, porque están en la mente de un gran número de cientÃficos de la época actual. La historia nunca es sencilla, y quienquiera que intente remontarse a los orÃgenes de cualquier escuela filosófica se encontrará sumergido en una red compleja en la que se entrecruzan numerosos caminos. Algunos de ellos vienen de muy lejos, algunos se entremezclan entre sÃ, e incluso otros se desvÃan en gran medida de su dirección principal, pero están unidos por senderos secundarios que los conectan con la ruta principal. No podemos detenernos a realizar un análisis de los antecedentes de la escuela vienesa o la escuela de BerlÃn. Sin embargo, en una primera aproximación, puede coincidirse en que es posible extraer tres ingredientes que constituyeron el meollo de la teorÃa que surgió de estas escuelas. Estos son: a) los criterios de Ernest Mach, referentes a la fÃsica y, en general, a las ciencias empÃricas; b) los criterios de Henri Poincaré, relativos al papel de las matemáticas en la fÃsica; c) la revolución en la lógica iniciada por Frege y que culminó en los Principia mathematica de Whitehead-Russell.
Lo que estas escuelas tomaron fundamentalmente de Mach fue su insistencia en la verificabilidad como un criterio para justificar el sentido. Cuando el joven Mach se despojó de su credo Kantiano sobre los elementos a priori en el fundamento de la ciencia, intentó mostrar que todo el conocimiento podÃa reducirse en último término a un análisis de las sensaciones. La elaboración del concepto debiera anclarse con firmeza en el contexto de las sensaciones. Con esto en mente, Mach hizo una revisión de la historia de la mecánica y produjo una obra maestra, un libro clásico. Su brillante crÃtica a la mecánica newtoniana es válida todavÃa en muchos aspectos. Es suficiente sólo mencionar el reconocimiento de Einstein a lo que él, y todo el mundo después de él, denominó el principio de Mach. La mecánica de Mach es una revisión fascinante de la historia de esta rama de la fÃsica. En la actualidad es posible encontrarle deficiencias históricas y fallas en su base epistemológica. Pero causó un gran impacto en una época en que la fÃsica sufrió una sucesión de revoluciones espectaculares que sacudieron los conceptos más básicos acerca del mundo fÃsico.
Lo que echaban de menos los neopositivistas de Viena y de BerlÃn en Mach eran dos cosas: en primer lugar, una explicación del papel que juega la matemática en la fÃsica; en segundo, alguna indicación de cómo manejar ciertos términos que desempeñaban un papel fundamental en la teorÃa de la fÃsica y que no podÃan ligarse directamente a observables. Es aquà cuando surge Poincaré. Corno es bien sabido, Poincaré introdujo lo que más tarde se denominó la Tesis de la Convencionalidad. Para él, las leyes de la mecánica son sólo convenciones, aunque, él insiste, no son convenciones arbitrarias. Son convenciones que tienen un origen experimental. Los experimentos condujeron a los fundadores de la ciencia a adoptarlas. En esta lÃnea de pensamiento, el mérito de Poincaré fue mostrar que además de los términos que pudieran relacionarse directamente a las observaciones, la ciencia utiliza términos teóricos, y que estos términos teóricos se expresan en lenguaje matemático. Por tanto, el papel principal de las matemáticas serÃa servir de instrumento para la introducción de términos teóricos. Este es el segundo componente de las escuelas de Viena y de BerlÃn.
Un tercer componente proviene de la tremenda revolución en la lógica realizada por la escuela Frege-Whitehead-Russell. Ellos intentaron mostrar, y estaban convencidos de haberlo logrado, que de hecho las matemáticas pueden ser reducidas a la lógica matemática. Por consiguiente, los términos teóricos pueden en último término expresarse en el lenguaje de la lógica matemática. En esta lÃnea de pensamiento, la lógica matemática fue finalmente la herramienta utilizada, en especial por la escuela de Viena, para expresar lo que eran las teorÃas cientÃficas.
Con estas herramientas, llegaron a. una situación que hoy es conocida por los filósofos de la ciencia como la “visión convencional”. Putman la ha llamado la “visión recibida”, y esta expresión es la que utilizan corrientemente numerosos filósofos contemporáneos de la ciencia. ¿En qué consiste esencialmente esta visión? De manera muy condensada y aproximada, podrÃamos decir la llamada “visión recibida” mantiene que una teorÃa cientÃfica, a fin de merecer este nombre, debiera finalmente poder expresarse en algún tipo de sistema axiomático. El grado de formalización de estos sistemas puede variar ampliamente, pero la estructura del sistema debiera ser más o menos la misma, conteniendo los siguientes elementos: a) un vocabulario básico con tres diferentes clases de términos, es decir, términos lógicos, términos observacionales y términos teóricos; b) axiomas que pudieran establecer las interrelaciones entre los términos no-lógicos; c) reglas de inferencia que permitan la deducción a partir de los axiomas. En la medida en que los defensores de este criterio se aferran a la teorÃa de la verificalidad del significado, la información empÃrica (los observables) constituye la materia prima del sistema. El vocabulario observacional es el meollo. El resto debiera expresarse en términos de este vocabulario. La parte lógica de este sistema se vio reducida a expresar las reglas del juego, las reglas internas del lenguaje que se utiliza para expresar la teorÃa.
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